LECCIÓN 236

LECCIÓN 236

“Gobierno mi mente, la cual sólo yo debo gobernar.”

Este epígrafe nos plantea un propósito y una afirmación. Si digo que “sólo yo debo gobernar.” mi mente, esta implícito que algo la ha gobernado o intentado gobernar, y ése algo es el ego. Si vivimos en este mundo, partimos de un hecho: tenemos nuestra mente dividida, y pareciera ser prisionera de un cuerpo que la limita. Gobernar nuestra mente implica unificarla deshaciendo la mente falsa a través del perdón, que es lo que venimos haciendo en la primera parte del libro de ejercicios, a lo que le adicionamos la oración en esta segunda parte.

“Tengo un reino que gobernar. Sin embargo, a veces no parece que yo sea su rey en absoluto, sino que parece imponerse sobre mí, y decirme cómo debo pensar y actuar y lo que debo sentir.”  Si bien mi propósito es gobernar mi mente, la división todavía opera, pese al recorrido que hemos hecho hasta ahora perdonando, el ego todavía persiste en su propósito, por lo que debemos permanecer alertas a favor del amor y el perdón.

“La única función de mi mente es servir. Hoy la pongo, al servicio del Espíritu Santo para que Él la use como mejor le parezca.” cuando aceptamos y asumimos que nuestra función es perdonar, ello lleva implícito el servicio, que me permite extender amor y reconocerme en mis hermanos, bajo la guía del Espíritu Santo.

“De esta manera, soy yo quien dirige mi mente, que sólo yo puedo gobernar. Y así la dejo en libertad para que haga la Voluntad de Dios.” cuando asumo la responsabilidad por mis pensamientos, perdono mis errores de percepción, no me identifico con el cuerpo, y lo vuelvo un instrumento de comunicación al servicio del amor y el perdón, empiezo a gobernar mi mente y la unifico con la Voluntad de Dios. Gobernar mi mente es hacer la Voluntad de Dios, pues mi mente es parte de la Mente de Dios. Gobernar mi mente es ponerla al servicio del Amor pues esa es mi única naturaleza.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, mi mente está dispuesta hoy a recibir Tus Pensamientos y a no darle entrada a ningún pensamiento que no proceda de Ti. Yo gobierno mi mente, y te la ofrezco a Ti. Acepta mi regalo, pues es el que Tú me hiciste a mí.”

PRACTICA:

Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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