LECCIÓN 235

LECCIÓN 235

“Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve.”

La idea de hoy tiene dos palabras claves: misericordia y salvación.
La salvación es una palabra recurrente en Un Curso de Milagros, por lo que examinaremos brevemente el significado de misericordia.

En este mundo la palabra misericordia, tiene varios significados:

1. “Inclinación a sentir compasión por los que sufren y ofrecerles ayuda.”

2. “Cualidad de Dios, en cuanto ser perfecto, por la cual perdona los pecados de las personas.”

Dada la cosmovisión del Curso, hay una mayor identificación con la primera definición que con la segunda, ya que Dios no perdona pecados pues nunca nos ha condenado. La tesis que la perfección perdona a la imperfección, parte del supuesto de que la imperfección pueda afectar u ofender a la perfección. De ser así la perfección ya perdería su condición. Dios dejaría de ser Dios, así es como el ego construye a un dios a su imagen y semejanza. La percepción tiene los límites del cuerpo, nunca alcanzará la visión todo abarcante del Conocimiento de Dios. En otras palabras desde nuestra imperfección no es muy difícil comprender a la Perfección y tendemos a verla desde nuestras limitaciones  perceptuales.
El pecado no existe en el Cielo, es sólo una creencia de nuestra mente dividida con la que justificamos nuestras culpas y sufrimientos en este mundo.

Tanto el texto como la  oración que hacen parte de esta lección, no se centran en el tema del perdón de Dios, (pues sería una contradicción) sino en Su Voluntad de que seamos felices, y de recurrir a la voluntad de Dios para deshacer toda ilusión que creamos tener: “Tan sólo necesito contemplar todo aquello que parece herirme, y con absoluta certeza decirme a mí mismo: “La Voluntad de Dios es que yo me salve de esto”, para que de inmediato lo vea desaparecer.” así es como perdónanos, contemplamos lo ilusorio y lo llevamos ante la verdad, para que la luz del amor lo deshaga. De esta manera la idea del día se puede interpretar como: Dios, en Su Amor o en su bondad dispone que yo me salve.

La Voluntad de Dios para Su Hijo es felicidad y no de juicio y condena: “Tan sólo necesito tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es felicidad, para darme cuenta de que lo único que se me ha dado es felicidad.” si la felicidad es mi naturaleza, y el sufrimiento no existe  en el Cielo, entonces el sufrimiento no es real.

Dios sólo reconoce nuestra inocencia y nuestra impecabilidad, pues así fue como nos creó, y nada puede cambiar la Voluntad de Dios. “Tan sólo necesito recordar que el Amor de Dios rodea a Su Hijo y mantiene su inocencia eternamente perfecta,”

Reconocer nuestra verdadera identidad, como perfectos Hijos de Dios nos une a Su Amor, que se expresa en misericordia, que busca salvarnos de nuestra creencia en el sufrimiento, la culpa y el miedo: “Yo soy el Hijo que Él ama. Y me he salvado porque Dios en Su misericordia así lo dispuso.”

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, Tu Santidad es la mía. Tu Amor me creó e hizo que mi inocencia fuese parte de Ti para siempre. No hay culpabilidad o pecado en mí, puesto que no los hay en Ti.”

PRACTICA:

Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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