LECCIÓN 231


LECCIÓN 231

“Padre, mi voluntad es únicamente recordarte.”

Para el mundo la voluntad es una decisión libre y autónoma de una persona respecto a algo. Aquí la vamos a utilizar similar al sentido bíblico, unir nuestra voluntad a la de Dios, o hacer la Voluntad de Dios.

“¿Qué puedo buscar, Padre, sino Tu Amor?” En la lección de ayer estábamos buscando la paz de Dios, hoy tenemos como propósito recordar a Dios y Su Amor, con un ingrediente adicional: nuestra voluntad.

“Tal vez crea que lo que busco es otra cosa; algo a lo que le he dado muchos nombres.” en el mundo de los opuestos, tenemos muchos propósitos y objetivos, impulsados por nuestros  deseos y  carencias.

“Mas lo único que busco, o jamás busqué, es Tu Amor.” El Curso busca unificar nuestros pensamientos, y propósitos, y este es el Amor de Dios, que es nuestra Fuente y nuestra naturaleza. El viaje de retorno después de la separación, lo podemos denominar volver al Amor. “Pues no hay nada más que jamás quisiera realmente encontrar.”

Ese volver al Amor, requiere de una decisión de nuestra parte, de una determinación, nuestra voluntad de reencontrarnos con nuestro Padre: “Quiero recordarte. ¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo?”

Luego viene el reconocimiento que Jesús nos hace: “Ésa es tu voluntad, hermano mío.” A partir de nuestra decisión, se genera una unificación de voluntades que el Curso denomina unicidad: “Y compartes esa voluntad conmigo así como con Aquel que es nuestro Padre.”


“Recordarlo a Él es el Cielo.”  Dios y el Cielo son lo mismo. Son el Paraíso perdido,  el estado del Cielo que perdimos tras la separación.

“Esto es lo que buscamos. Y esto es lo único que nos será dado hallar.” Si este mundo es ilusorio, entonces no hay nada en este mundo que nos ate a él, por lo que podemos decidir por un solo propósito: recordar a Dios, volver a Dios, y para eso y solo para eso vale la pena utilizar nuestra voluntad. Decidir salir del sueño de separación para volver a verdad del Amor.

PRACTICA:

Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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