LECCIÓN 230


LECCIÓN 230

“Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios.”

El título de la idea de hoy parece contradecir los  párrafos siguientes de la lección. Esto es propio de los dos niveles en que se despliegan las enseñanzas del Curso, veamos:
“Fui creado en la paz. Y en la paz permanezco. No me ha sido dado poder cambiar mi Ser.” esta es una afirmación del primer nivel del Curso, del nivel más metafísico, el que describe a Dios o el estado del Cielo. La paz es nuestra condición natural como Hijos de Dios, ha existido desde antes de la separación y existirá cuando el mundo desaparezca. Por lo tanto no cambia. “No me ha sido dado poder cambiar mi Ser” si la paz es inmutable, siempre existe, siempre dispondremos de ella, entonces no hay que buscarla ni hallarla, como dice la idea de la lección del día: “Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios.”
Esta aparente contradicción se explica, por el segundo nivel del Curso, más próximo a nuestra experiencia en este mundo, que tiene un sentido pedagógico, sin este segundo nivel nos sería muy difícil comprender a Dios y el estado del Cielo, pues creímos haber  olvidado nuestro origen, por lo que creemos que necesitamos buscar y hallar la paz. El olvido lo percibimos como perdida, un tesoro extraviado que debemos buscar y hallar. Cuando  realmente lo único que tenemos que hacer es remover todos los obstáculos que nos impiden experimentar el amor y la paz que somos. Y eso lo logramos a través del perdón.

Pero igualmente desde la perspectiva del segundo nivel la frase “buscaré y hallaré la paz de Dios.” nos da una sensación de seguridad y certeza de que el desenlace será inevitable. La palabra de inicio “Ahora” nos señala que a Dios lo encontraremos solo en el ahora, en el presente, en el instante santo, fuera del tiempo, nunca lo encontraremos en el pasado ni en el futuro. Dios está más allá del tiempo ilusorio, está en la eternidad, la única realidad que existe y que no está sujeta a cambios, a procesos de degradación o muerte,  como creemos que nos sucede en este mundo.

“¡Cuán misericordioso es Dios mi Padre, que al crearme me dio la paz para siempre!”  Este es un párrafo de primer nivel, Dios: “me dio la paz para siempre!” por lo tanto, sigo conservando la paz, pues no puedo cambiar mi naturaleza divina, por lo que no hay que buscar lo que ya poseo por siempre, solo basta reconocerlo y aceptarlo.

Las dos siguientes oraciones parten del segundo nivel hacia el primer nivel, “Ahora sólo pido ser lo que soy.” proclamar lo que soy, solo eso se requiere para que la verdad se restablezca y me reconozca como el perfecto Hijo de Dios.
“¿Y podría negárseme eso cuando es eternamente verdad?” la verdad la podemos negar, de hecho nuestra experiencia en este mundo es una negación de la verdad, pero lo que no podemos hacer es cambiar o alterar la verdad. Pero cuando proclamamos o pedimos la verdad no se nos negará, pues de hecho nos pertenece, es nuestra herencia natural como Hijos de Dios.

LA ORACIÓN DEL DIA:

“Padre, busco la paz que Tú me diste al crearme. Lo que se me dio entonces tiene que encontrarse aquí ahora, pues mi creación fue algo aparte del tiempo y aún sigue siendo inmune a todo cambio. La paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente aún resplandece allí sin haber cambiado. Soy tal como Tú me creaste. Sólo necesito invocarte para hallar la paz que Tú me diste. Es Tu Voluntad la que se la dio a Tu Hijo.”

La oración del día  inicia con una afirmación del segundo nivel “Padre, busco la paz” y luego la enlaza con afirmaciones del primer nivel “la paz que Tú me diste al crearme.” Las frases siguientes van reiterando la verdad de nuestro origen, hasta llegar quizás a la más contundente afirmación: “Sólo necesito invocarte para hallar la paz que Tú me diste.”  no necesitamos hacer nada más, solo invocar a nuestro Creador, para que la verdad de la paz y el amor refulja en nuestras mentes y corazones.

PRACTICA:

Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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