LECCIÓN 228


LECCIÓN 228

“Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar.”

Recordemos que Dios nunca nos ha juzgado, en consecuencia, nunca nos condenaría. Su Amor no tiene opuestos, por lo tanto, está ausente de todo juicio. ¿Si Dios nunca me ha condenado, porque habría yo de condenarme.? Más sin embargo, en este mundo la culpa parece determinar mi vida, culpo a Dios o a mis hermanos de mis desgracias, y me culpo a mi mismo. Hoy me libero de toda culpa, hoy reconozco mi verdadera identidad como el santo Hijo de Dios.

“Mi Padre conoce mi santidad. ¿Debo acaso negar Su conocimiento y creer en lo que Su conocimiento hace que sea imposible?” Dios sabe perfectamente quienes somos: Su santo e impecable Hijo, y Él sabe que nuestra condición es inmutable, y por lo tanto, es imposible que cambie. Solo nosotros en ilusorios sueños de separación creemos lo contrario.
Dios goza del conocimiento de la totalidad y solo ve la verdad que Él encarna. Cuando elegí escuchar la voz del ego negué Su Conocimiento creyendo que soy mortal, pecaminoso y culpable.

“¿Y debo aceptar como verdadero lo que Él proclama que es falso?”  Si Dios nos dice que somos  Su inocente Hijo, ¿debo creerle a Él o al ego? . La elección es mía. “¿O debo más bien aceptar Su Palabra de lo que soy, toda vez que Él es mi Creador y el que conoce la verdadera condición de Su Hijo?,” Solo escuchando la Voz que habla por Dios, restableceremos la verdad que somos: Amor e inocencia.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, estaba equivocado con respecto a mí mismo porque no reconocía la Fuente de mi procedencia. No me he separado de ella para adentrarme en un cuerpo y morir. Mi santidad sigue siendo parte de mí, tal como yo soy parte de Ti. Mis errores acerca de mí mismo son sueños. Hoy los abandono. Y ahora estoy listo para recibir únicamente Tu Palabra acerca de lo que realmente soy.”

PRACTICA:

Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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