LA CURACIÓN

El CANTO DE LA ORACIÓN

3. LA CURACIÓN

“Introducción”

Este tercer capítulo del “Canto de la oración” nos explica la relación entre la oración, el perdón y la curación. Desde la perspectiva metafísica del Curso hay una jerarquía,  primero está la oración, luego el perdón y la curación. La oración es lo único real, pues la verdadera oración está más allá de este mundo de tiempo y espacio, la oración existe en el estado del Cielo, es el mecanismo de comunicación del Hijo con el Padre, es un canto de amor y gratitud. En cambio el perdón y la curación  sólo tienen función en  este mundo, pues en el Cielo no hay nada que perdonar ni curar.

“El mundo de los opuestos es el lugar de la curación, pues ¿qué podría necesitar curación en el Cielo?” Cuando lleguemos al Cielo ingresaremos junto con la oración, mientras que el perdón y la curación se quedarán atrás junto con el mundo que el perdón ayudó a deshacer. Ingresamos con júbilo al Cielo mientras expresamos nuestra gratitud al perdón y a la curación que nos ayudaron a ascender por la escalera de la oración  hasta el Cielo.

“Testigo del perdón y ayudante en la oración, dadora de la certeza de que finalmente alcanzarás la meta, eso es la curación.” En este mundo el perdón y la curación son ayudantes de la oración en nuestro camino ascendente al Cielo. La curación es un testigo del perdón, pues cuando perdonamos nuestros pensamientos erróneos la mente se cura, y el cuerpo, que es un efecto de la mente también se beneficia de la curación.

“Su importancia no debe enfatizarse demasiado, pues la curación es una señal o símbolo de la fuerza del perdón y tan sólo un efecto o sombra de un cambio de parecer con respecto a la meta de la oración.” Si bien nosotros en este mundo le damos una importancia primordial a la curación, Jesús nos pide no enfatizarla demasiado, pues no es nuestra última meta, es solo parte del proceso de regreso a nuestro Hogar eterno, es solo un indicador del poder del perdón, que nos da confianza y certeza en el camino de regreso a casa que emprendemos de la mano del Espíritu Santo. La curación es sólo un efecto de los milagros, del cambio de mentalidad que está ocurriendo en nuestro ser. Por lo tanto, no debemos confundir una etapa con la meta, los efectos con la causa. Nuestra meta está más allá de este mundo de cuerpos y formas, nuestra meta es volver a la total unicidad con Dios, nuestro regreso al Paraíso perdido.

“I. La causa de la enfermedad”

La enfermedad física o psicológica no es más que un efecto de un conflicto interno resultado de nuestras culpas y miedos. Si no sanamos las causas no habrá verdadera sanación física o emocional, y eso sólo lo logramos a través del perdón. La curación es sólo un resultado del perdón y no está separado de este. La verdadera oración se logra a través del perdón, todas las demás formas de “curación” que no impliquen perdón son falsas curaciones, que lo más probable  nos remitirán a nuevas manifestaciones de enfermedad. La enfermedad es “Es la prueba externa de “pecados” internos, y da testimonio de pensamientos rencorosos que hieren y procuran hacerle daño al Hijo de Dios.” Un Curso de Milagros es un tratado sobre las causas, no sobre los efectos, al sanar la causas se sanan los efectos, esto es lo que diferencia la verdadera curación de la falsa.

LA BREVEDAD DE LA CURACIÓN.
EL CUERPO NO ES INMORTAL:

“Curar el cuerpo es imposible, y esto queda demostrado por la brevedad de la “cura”. El cuerpo acabará muriendo de todas formas, y así lo único que hace su curación es demorar su retorno al polvo, de donde nació y al que volverá.” Este es un tema crucial que debemos comprender muy bien. En este mundo hacemos una falsa identificación con el cuerpo y su yo psicológico, y creemos que eso es lo que somos, de ahí que nuestra mente se pierda en prestarle toda su atención al cuerpo, a cuidarlo, a alimentarlo, a proporciónale placer y bienestar, a curarlo y si es posible volverlo inmortal,  el mito del elixir de la eterna juventud es un buen  ejemplo de ello. La curación trae un cierto bienestar y aplaza la muerte pero finalmente no la podrá detener, pues esa es la naturaleza de este mundo ilusorio. La muerte es parte de la lógica de este mundo fabricado por el ego para negar el Amor y la vida eterna como espíritu.

La culpa y la falta del perdón es la causa del cuerpo, de la enfermedad y de la muerte, “y esto queda claramente demostrado por su dolor y envejecimiento, y por la marca de la muerte que pesa sobre sí.” el cuerpo, la enfermedad y la muerte, son parte de este mundo ilusorio, y desaparecerán cuando hayamos restablecido totalmente la verdad a través del perdón.

Así que  “El cuerpo puede sanar como efecto del verdadero perdón.” pero para Jesús esto tiene un propósito mayor, pues la curación “puede traer el recuerdo de la inmortalidad, que es el don de la santidad y del amor.” la curación a través del perdón, nos ayudan a recordar lo que realmente somos: seres inmortales, creados por el Amor.

“El perdón no puede sino ser concedido por la mente que comprende que debe pasar por alto todas las sombras que cubren la santa faz de Cristo, entre las cuales la enfermedad debe considerarse una de ellas.” “pasar por alto todas las sombras”, es lo que  hacemos cuando perdónanos, no vemos los errores ni la forma de nuestros hermanos, solo vemos su luz y su Amor. Cuando  perdónanos,  desarrollamos la visión de Cristo de la mano del Espíritu Santo, la capacidad de ver con los ojos del corazón y del amor toda situación o circunstancia que creamos vivir.

La enfermedad no es más que esto: “la señal del juicio de un hermano sobre otro hermano y del Hijo de Dios sobre sí mismo.” La enfermedad es el resultado de nuestros propios juicios, juicios contra los otros: ira, resentimiento, deseos de condena y ataques, o juicios contra nosotros mismos, culpa, frustración, depresión, etc.

Y así como elegimos separarnos de nuestro Padre, y fabricar un mundo de cuerpos, sufrimientos y enfermedades, asimismo, debemos deshacer lo que equivocadamente habíamos hecho. “Lo que el Hijo de Dios ha hecho, ahora él mismo tiene que des-hacerlo. Pero no solo.” Cuando nos separamos nos perdimos en el mundo de la percepción, de ahí que nuestro proceso de deshacer el ego y restablecer la verdad requiere que lo hagamos de la mano del Espíritu Santo, de esta manera el éxito está garantizado, pues si pretendiéramos hacerlo solos, sucumbiríamos a las trampas del ego y la percepción.

El perdón es la herramienta que el Espíritu Santo nos trae para nuestra sanación, y en ese sentido es el don de la curación que nuestro Padre nos regala. Ello nos permite recordar “que el cuerpo puede convertirse en su morada elegida, pero nunca será su hogar en verdad.” con la separación elegimos el cuerpo como nuestra morada, y nos llegamos a identificar con el, pero finalmente el perdón restablecerá la verdad y nos señalará nuestro verdadero Hogar al lado de nuestro Padre.

“Es necesario distinguir, por lo tanto, entre la verdadera curación y su defectuosa contraparte.” La verdadera curación es la que hacemos a través del perdón, la que va hasta las causas, en nuestras mentes. La falsa curación es la que se centra en los efectos, en los síntomas, por lo que, la enfermedad lo más probable es que  volverá a remitir, después de una cirugía o algún tratamiento médico o terapéutico tradicional.

“Tal como en el mundo la oración puede pedir desacertadamente y la aparente caridad perdonar para matar, asimismo la curación puede ser tanto falsa como verdadera; testigo del poder del mundo o del eterno Amor de Dios.” tal como habíamos visto en los primeros capítulos del Canto de la oración, en este mundo el ego nos puede confundir con una falsa oración y un falso perdón, lo mismo sucede con la falsa curación.
La verdadera oración es sólo un canto de amor y gratitud.
El verdadero perdón, no ve pecado en tus hermanos ni en ti, sólo ve la luz del amor refulgir en ti y cada hermano.
La verdadera curación solo se logra a través del perdón que sana la mente  que es la causa,  los síntomas y el cuerpo son tan sólo efectos.  Intentar sanar los efectos es una falsa curación, como lo es el  perdón para destruir, o la oración que busca realizar una transacción de favores con Dios. El Amor no transa, no porque sea intransigente sino porque no ve opuestos, el perdón busca restablecer el amor que somos y la curación es un efecto del perdón que nos despoja de toda culpa y miedo. Mas adelante, veremos como se relacionan la oración, el perdón y la curación: primero perdonamos, luego oramos y finalmente  nos curamos. Ese será tema de los siguientes epígrafes.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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