LECCIÓN 220


LECCIÓN 220

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

(200) “No hay más paz que la paz de Dios.”

Hay una frase biblica que el Curso retoma que habla de “la paz que sobrepasa todo entendimiento”. Es la paz de Dios que no podríamos explicar con las palabras de este mundo, pues está más allá de nuestra comprensión.
Los criterios de Un Curso de Milagros para determinar la verdad son Dios y Sus atributos. Todo lo que no sea Dios y Sus atributos no es real, no es verdad, es ilusorio.

La frase de la lección de este día “No hay más paz que la paz de Dios.” nos permite exponer las siguientes tesis:

1. La única paz verdadera es la paz de Dios.
2. Toda paz que no proceda de Dios, no es  real, es ilusoria, es falsa.
3. Debemos reconocer y aceptar la paz de Dios, si queremos restablecer la verdad en nosotros.
4. En este mundo de opuestos, conflictos, carencias y ataques nunca podremos encontrar verdadera paz.
5. Lo que este mundo define como paz es un estado ilusorio  de ausencia temporal de conflicto, confrontación o guerra.
6. Realmente la paz de este mundo se parece más a una tregua, un paréntesis de la guerra, un momento en que las partes cesan el conflicto para retomarlo después. La historia de nuestras civilizaciones ha sido la historia de guerras y confrontaciones.
7. Nuestra historia personal, la podemos definir como una sucesión de problemas y  conflictos que nos acontecen a lo largo de nuestra vida, que consumen toda nuestra atención, nuestra energía y nuestros recursos. Creemos resolver un problema y surge otro nuevo. Pareciera que nuestra función en esta vida es resolver problemas, de ahí que la paz se nos convierte en un deseo irrealizable, nuestra utopía, un anhelo inalcanzable.
8. Las guerras y conflictos que creemos ver en este mundo son un reflejo de nuestros conflictos interiores, y del ego colectivo de la mente errada del Hijo de Dios.
9. La verdadera paz la podemos experimentar en este mundo como un reflejo de la paz Dios, sólo si perdonamos las causas de nuestro conflicto interior, la culpa inconsciente, la proyección de la culpa y los juicios y ataques que realizamos contra nuestros hermanos en un esfuerzo inútil de tratar de liberarnos de nuestros pensamientos de culpa, miedo y ataque.
10. la paz no la encontraremos en este mundo mientras no cambiemos la percepción basada en los juicios, las condenas y los ataques. Mientras nuestra mente esté guiada por el ego, jamás vamos a encontrar paz.
11. Aceptar la paz de Dios es comenzar a poner fin a todo sufrimiento, y dejar toda esperanza de felicidad donde no se encuentra, es ponerle fin a una búsqueda equivocada.
12. Seguir creyendo que la paz y la felicidad la vamos a encontrar en este mundo, es la historia de un fracaso anunciado. Pues la naturaleza  de este mundo de conflictos, guerras y sufrimientos  hace que la paz sea un imposible lógico.
13. Es una la locura de pensar que la paz y la felicidad la  podremos conquistar en este mundo de la mano del ego, y que sea posible a costa de la paz y el bienestar de nuestros hermanos.
14. La paz la encontraremos cuando decidamos  “cambiar de parecer con respecto al propósito del mundo.”  (L 199) la paz es el  resultado de nuestro cambio de percepción de este mundo.
15. En el proceso de perdón, podemos reinterpretar el papel del cuerpo, que deja de ser un instrumento de ataque y separación que el ego le había asignado, a ser un instrumento de comunicación para perdonar y extender amor de la mano del Espíritu Santo.
16. Solo perdonando nuestras ilusiones en este mundo, solo perdonando nuestras culpas y miedos, comenzaremos a percibir el reflejo de la paz de Dios en nuestras mentes, que nos conducirá a las puertas de  una  paz  que trasciende todo entendimiento, una  paz que  tan solo podremos experimentar pero difícilmente explicar con las palabras y símbolos de  este mundo.
17. Algunos podrán creer que la solución sería morir ahora y “descansar en la paz del Señor” como se dice en nuestro entorno cuando alguien acaba de fallecer. Esa no es la solución que este Curso nos ofrece, no se  trata de ponerle fin al cuerpo no sin antes realizar nuestra función de sanar nuestra mente perdonando nuestras ilusiones, y restableciendo nuestra verdad. Nuestro despertar lo realizaremos de forma consciente, comprendiendo y aceptando nuestro origen, perdonando las causas de nuestros aparentes conflictos y problemas, liberando a nuestros hermanos de las cadenas que les pusimos cada vez que los juzgábamos y condenábamos.
18. “En el perdón reside tu paz, pues en él radica el fin de la separación y del sueño de peligro y destrucción, de pecado y muerte, de locura y asesinato, así como de aflicción y pérdida.” (T-29. VI.1:4) Sólo el perdón nos conduce a la única verdadera paz, no hay otro camino, no hay otra opción distinta al amor.
19. Siempre debemos preguntarnos: “¿Hasta que punto deseas la paz en lugar de los conflictos interminables, el sufrimiento y el dolor.?” (T-29. VI.1:2) la paz es una elección, y debemos desearla de corazón hasta hacerla real en nuestra mente.
20. Recuerda  que  “La paz es el puente que todos habrán de cruzar para dejar atrás este mundo.” (L 199)  y este puente lo cruzamos de la mano del Espíritu Santo, perdonando todo lo que creamos que  nos pueda quitar la paz.
21. “Que no me desvíe del camino de la paz, pues ando perdido por cualquier otro sendero que no sea ése. Mas déjame seguir a Aquel que me conduce a mi hogar, y la paz será tan segura como el Amor de Dios.” (220) Cuando elegimos la paz de Dios, debemos pedir ayuda para no desviarnos de ese propósito, superando las tentaciones del ego, solo bajo la guía amorosa del Espíritu Santo podremos hacer de la paz de Dios nuestra realidad, pues la paz de  Dios es nuestra herencia natural, siempre lo ha sido y lo seguirá siendo por siempre cuando recordemos nuestra verdadera identidad  de amor y gozo divino.
22. Recuerda que “La paz es la respuesta a las metas conflictivas, a las jornadas insensatas, a las búsquedas vanas y frenéticas y a los empeños sin sentido.” (L 199)

PRÁCTICA LARGA:

Realicemos nuestras  prácticas diarias   con la certeza y la convicción que nos aproximamos a la paz de Dios, tanto en la meditación de la mañana y de la noche cuando en la quietud de nuestro silencio interior hacemos nuestras estas palabras:

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

“No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.”

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

Cuando reconocemos y aceptamos la paz de  Dios, “puedes sentir como su tierno abrazo envuelve tu corazón y tu mente con consuelo y amor.” (L 199)

Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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