LECCIÓN 219

LECCIÓN 219

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

(199) “No soy un cuerpo. Soy libre.”

Jesús le da mucha importancia a este pensamiento. Pues si nos queremos liberar del ego necesitamos des-identificarnos con el cuerpo, que ha sido el vehículo del ego para hacer real la separación, y utilizarlo como un arma de ataque, y en lugar de ello, recordar que nuestra única realidad es que somos una mente libre e ilimitada, y eternamente amorosa. Si asumimos la primacía de la mente amorosa sobre la mente falsa, el cuerpo que por si es neutro, puede cumplir otra función, ponerse a las ordenes del Espíritu Santo como un vehículo de comunicación para perdonar y extender amor.

“Soy el Hijo de Dios. Aquiétate mente mía, y piensa en esto por un, momento. Luego regresa a la tierra, sin confusión alguna acerca de quién es aquel a quien mi Padre ama eternamente como Su Hijo.” (L 219)

Analicemos en detalle el anterior párrafo:
“Soy el Hijo de Dios.”
Esta no es una afirmación cualquiera, si nos la creyéramos de verdad ya nos hubiésemos liberado del ego y de nuestra identificación con el cuerpo. No nos sentiríamos culpables ni pecadores, ni llenos de miedo, ni dedicaríamos la mayor parte del tiempo, energía y recursos a cuidar y satisfacer nuestros cuerpos.
“Soy el Hijo de Dios.” es todo lo contrario a lo que pensamos que somos en este mundo. Ser el Hijo de Dios es reconocerme como una mente libre e inmortal, no estar limitado por un cuerpo, por enfermedades y por el miedo a la escasez y la muerte.
“Soy el Hijo de Dios. Aquiétate mente mía, y piensa en esto por un, momento.” Aquí nos está diciendo que si nos aquietarnos, si aquietamos el cuerpo, aquietamos nuestra mente falsa, y eso lo logramos cerrando los ojos, entrando en un profundo silencio interior; en ese estado de quietud y silencio, podemos discernir quienes somos y podemos llegar a contemplar nuestro verdadero Ser, nuestra verdadera identidad como Hijo de Dios.

“Luego regresa a la tierra, sin confusión” aquí nos está indicando que la meditación que hicimos nos sacó de este mundo, nos situó fuera del cuerpo, en un espacio atemporal y amorfo y nos reconocemos como el Ser de luz que somos, en ese instante santo reconocemos a nuestro Padre y Su eterno Amor por nosotros.

“Soy el Hijo de Dios. Aquiétate mente mía, y piensa en esto por un, momento. Luego regresa a la tierra, sin confusión alguna acerca de quién es aquel a quien mi Padre ama eternamente como Su Hijo.” (L 219)

Regresamos a la tierra llenos de confianza y seguridad de quien se ha reconocido a si mismo, ya no dudamos de nuestra verdadera identidad, y con esa convicción regresamos a perdonar todo pensamiento que niegue la verdad que somos, el amor que somos.

De esta manera podemos entender mejor la idea del día de hoy (199) “No soy un cuerpo. Soy libre.” En la lógica de los opuestos de las enseñanzas del Curso, nosotros diríamos “No soy un cuerpo. Soy Espíritu”. Pero la lección hace un giro, y en lugar de decir “Soy Espíritu” dice “Soy libre.” lo que nos quiere significar, lo opuesto a la condición de sentirnos atados y prisioneros de un cuerpo, lo que niega nuestra verdadera identidad, la de ser una mente, un espíritu libre e ilimitado que es nuestra condición natural como Hijo de Dios. Nosotros elegimos encadenarnos a un cuerpo, y a partir de allí, nos sentimos vulnerables y llenos de miedo por creernos ser cuerpos que pueden ser castigados o destruidos. El miedo y la culpa gobiernan nuestra mente falsa. Recuperar la libertad de nuestra mente es el propósito de este Curso y del Espíritu Santo, por ello la lección de hoy es la que más se repite a lo largo del Libro de Ejercicios. la salvación se manifiesta como nuestra libertad.

PRÁCTICA DIARIA:

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

199) “No soy un cuerpo. Soy libre.”

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

Con estas ideas nos levantaremos por la mañana, pasaremos todo el día y nos acostaremos pensando en ellas y nos levantaremos nuevamente.
Con estas ideas meditaremos en la mañana y en la noche, mínimo 15 minutos, y haremos una pausa cada hora para recordarlas en quietud y silencio y hacerlas nuestras, para igualmente repetirlas entre horas lo más que podamos.

RESPUESTA A LA TENTACION:

A lo largo del día, “Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:”

“No quiero este pensamiento. El que quiero es __ .”
(L– r VI. 6:1-2)
En el caso de hoy el pensamiento que quiero es:

“No soy un cuerpo. Soy libre.”

“Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado.” (L-r VI.6:4)

No dejes pasar ni un solo pensamiento vano en tu mente sin confrontarlo, sin perdonarlo, ya sea de ira, ataque, carencia, tristeza, culpa, miedo o cualquier otro pensamiento no amoroso que niegue tu realidad inmortal. La salvación depende que no dejes ni una sola mancha de oscuridad en tu mente, para que la luz de tu Amor ilumine al mundo y a todas las mentes que Dios creó una contigo.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
💝🙏💝

https://oscargomezdiez.com/

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