LECCIÓN 217

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LECCIÓN 217

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

  1. (197) “No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.”

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

Esta lección reitera algo que el Curso nos ha insistido: solo te agradeces a ti mismo, pues fuera de ti no existe nada, el mundo que crees ver fuera de ti se encuentra en tu mente, es solo una proyección mental. Por eso todo lo que das, te lo das a ti mismo.

Cuando crees atacar a alguien, solo te estás atacando a ti mismo. Igualmente cuando perdonas, amas y agradeces, solo te estás perdonando, amando y agradeciendo a ti mismo. Esa es nuestra verdad, reconozcámosla y no la olvidemos, pues nos perderemos en el mundo de las formas, y terminamos siendo víctimas de nuestros propios miedos y culpas.

“¿Quién debe dar gracias por mi salvación sino yo mismo? ¿Y cómo sino a través de la salvación puedo encontrar el Ser a Quien debo estarle agradecido?” (L-217)

Contrariamente el ego, cree que la realidad es el mundo que ve fuera de si, y al afirmarla, pareciera que la ilusión adquiriera vida propia. El ego cree que vivimos en un mundo de carencias y su supervivencia depende de tener, obtener, conservar, y luchar por defender lo que cree haber conseguido. De ahí que su manera de relacionarse, se basa en transacciones, en un comercio de favores, si te doy algo, tu me tienes que dar algo a cambio, así sea tu gratitud. Tu reconocimiento de que soy generoso, caritativo, y buena persona, es importante para nuestros egos, pues la imagen de si mismo, también es otro bien valioso para el ego.

Así que si das algún regalo (ya sea un objeto, un afecto o un perdón), y “si no recibes muestras de gratitud procedentes del exterior y las debidas gracias, tus intenciones se convierten de nuevo en ataques.” así son los regalos condicionados del ego, siempre tiene que recibir algo a cambio. De lo contrario, juzga, condena y ataca. La tregua de los favores del ego, no conducen a la paz, sino que son la antesala de nuevas guerras.

“Aquel que recibe tus regalos los tiene que recibir con honor; o de lo contrario, se los quitas.” si no recibes manifestaciones explícitas de gratitud, si no te devuelven el favor o regalo de alguna manera, será considerado como una muestra de ingratitud de quien recibió el regalo, y el ego que creyó dar algo valioso, y por lo que esperaba alguna retribución, reacciona con furia reclamando su retribución o la devolución del regalo. Así se cimientan las relaciones especiales de amor y odio del ego.

De la misma manera, es que el ego percibe a Dios. Como un ser que te da regalos y luego te los arrebata. Nos dio la vida y luego nos la quita con la muerte. Nos ubicó inicialmente en el Cielo, en un estado de plenitud y abundancia, y nos desterró a la tierra a padecer escasez y a ganarnos “el pan con el sudor de la frente”. El ego construye un dios a su propia imagen. De tal manera que confunde a Dios con su propia condición de comerciante de favores y fabricantes de ilusiones con la que busca sustituir la verdad.

En este mundo aparenta haber dos en la relación de dar y recibir. Un dador y un receptor del regalo. En la lógica del mundo, el receptor debe expresar de alguna manera su gratitud, y el receptor espera que se le exprese esa gratitud dentro de los códigos sociales del mundo. Pero como en todas las relaciones especiales de este mundo, cada ego expresa intereses y deseos particulares que busca satisfacer a costa de los otros. Son agendas ocultas que se hacen manifiestas, cuando la gratitud no se da como la retribución esperada por parte del dador del regalo. Ahí empiezan los reclamos, las recriminaciones o las amenazas de suspender los regalos, o la exigencia de su devolución. Con lo que se pone de manifiesto una falsa solidaridad, que evidencia intereses ocultos, transacciones o comercio de favores, que culminan en conflictos de relaciones de poder. En el fondo eran regalos envenenados, ausentes de amor, de auténtica solidaridad y vocación de servicio.

Jesús procede a explicarnos, que a diferencia del ego, no necesitamos ni requerimos el agradecimiento del otro, sino de nuestro propio agradecimiento, pues todo lo que damos, nos lo damos a nosotros mismos, “Tu gratitud es todo lo que requieren tus regalos para que se conviertan en la ofrenda duradera de un corazón agradecido, liberado del infierno para siempre.”

Pues “Eres tú quien debe honrarlos y dar las debidas gracias, pues eres tú quien ha recibido los regalos.”

Nos pide que no nos fijemos en el ego de quien recibe nuestros regalos: “¿Qué importa si otro piensa que tus regalos no tienen ningún valor?” (L-197) Pues la mente correcta, la mente amorosa de quien recibe los regalos, desde lo profundo de su Ser, se une a tu mente “para darte las gracias.” (L-197) No veas los regalos que das con los ojos del cuerpo, contémplalos con la visión de Cristo, con los ojos del corazón. Así que no vayas a quitar cualquier regalo que hayas dado, pues te lo estarías quitando a ti mismo. “Dios bendice cada regalo que le haces, y todo regalo se le hace a Él porque sólo te los puedes hacer a ti mismo.” (L-197)

Y cuál es el principal regalo que podemos dar en este mundo?: el perdón.

El perdón que Dios nos ha regalado, tiene las características de todos los regalos de Dios: “Sus regalos son seguros, eternos, inalterables e ilimitados;” son regalos que se dan “perpetuamente, que extienden amor y que incrementan tu interminable júbilo.” (L – 197) Lo que Dios nos da, jamás nos lo arrebata, son regalos eternos e ilimitados, igual que Su Amor.

Pero si perdónanos para volver a atacar, jamás podremos apreciar los Regalos que Dios nos ofrece. De ahí que si retiras los regalos que has dado “pensarás que lo que se te ha dado a ti se te ha quitado.” (L-197)

Solo perdonado las ilusiones que crees ver fuera de ti, podrás tener la certeza que los regalos que Dios te dio serán para siempre tuyos. Y esto es así, pues “aún eres tal como Dios te creó. No puedes atenuar la luz de tu perfección. En tu corazón se encuentra el Corazón de Dios Mismo. Él te aprecia porque tú eres Él. Eres digno de toda gratitud por razón de lo que eres.” (L-197)

Por eso Jesús nos pide que en este mundo “Da gracias según las recibes. No abrigues ningún sentimiento de ingratitud hacia nadie que complete tu Ser. Y nadie está excluido de ese Ser.” (L-197) cualquier hermano, igual que tú, comparten y completan ese único Ser.

Cada situación que creamos vivir en este mundo, cada experiencia por traumática que nos parezca, es una oportunidad para perdonar y recordar quienes en verdad somos, para extender el amor que Dios nos dio, por eso, “Da gracias por los incontables canales que extienden ese Ser.” cada hermano es un canal de amor, una oportunidad de agradecer y de completar tu Ser.

“Gánate ahora la gratitud que te negaste al olvidar la función que Dios te dio.” (L-197) La función que Dios nos dio en el Cielo, es la crear como Él, de extender Su Amor, y cuando nos olvidamos de esa función tras la separación, nos dio la función de perdonar en este mundo. El perdón es un reflejo del Amor de Dios que nos llevara de regreso al Amor que somos.

“Pero nunca pienses que Él ha dejado de darte las gracias a ti.” (L-197) pues esta es la perfecta comunicación que sostenemos con Dios en el Cielo: Él nos manifiesta Su Amor y gratitud y nosotros le respondernos con amor y gratitud en una danza eterna de paz, gozo y dicha, esa es la oración en su estado original: el Amor exaltándose a sí mismo, pues el Amor sólo se reconoce ante la Fuente de todo Amor y de toda Felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
💝🙏💝

https://oscargomezdiez.com/

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