LECCIÓN 214

LECCIÓN 214

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

1. (194) “Pongo el futuro en Manos de Dios.”

Esta lección está centrada en la  relación tiempo y eternidad, y el  instante santo como el momento en el que experimentamos la paz y el amor. En el instante santo sanamos nuestras miedos y desdichas, llevándonos hasta el mundo real, poniéndonos ante las puertas del Cielo. Lograr esto sería un paso gigantesco en nuestra liberación.

“El pasado ya pasó y el futuro aún no ha llegado. Ahora estoy libre de ambos. Pues lo que Dios da sólo puede ser para el bien. Y acepto únicamente lo que Él da como lo que me pertenece.” (L – 214)
Lo que Dios da me pertenece para siempre, pues sus regalos son eternos. Regalos como el amor, la paz y felicidad los podemos experimentar en el ahora, en el instante santo, como un reflejo que nos llega desde la eternidad.

LA ILUSIÓN DEL TIEMPO:

El tiempo es una de las grandes ilusiones de este mundo, junto con la creencia que somos un cuerpo, o el miedo a la muerte.

Nos experimentamos como un cuerpo que se deteriora con el paso del tiempo para luego morir. La muerte es nuestro mayor miedo, el mayor castigo al que supuestamente Dios nos sometió al desafiarlo. Condenados a sufrir carencias, dolor y sufrimiento hasta que la condena final de la muerte nos llegue de manera ineluctable.

Todo nuestro sistema de creencias se basa sobre la relación cuerpo, tiempo y muerte, son  las creencias que sustentan al ego, tras ellas subyace la culpa que moldea el mundo en el que creemos vivir, es la prisión que nos hemos inventado, somos esclavos de nuestras propias percepciones, condenados por nuestros propios pensamientos de pecado, culpa y miedo.

Tras la  separación creímos abandonar la eternidad, y en nuestra huida culposa, nos inventamos el tiempo lineal creyendo eludir la ley de causa y efecto. Creyendo que establecíamos una brecha entre el pecado y el castigo. Así el momento del pecado original (pasado),  lo  arrastramos y experimentamos como un presente de culpabilidad, para proyectarlo luego como un futuro lleno de miedos y temores por el inevitable castigo divino.

De tal manera que el futuro no es más que la continuidad del pasado, y el presente, que es el único tiempo real, no lo experimentamos, debido a que lo que hacemos es revivir a través de la culpa un pasado que lo sentimos como presente. Pareciera que estuviésemos encadenados por el tiempo,  sin posibilidad de escapatoria. De esta manera reconocemos la inevitabilidad de la muerte, y por lo tanto, la realidad del tiempo. Con ello negamos tanto a la  eternidad como a Dios y nos negamos como el Hijo de Dios que goza de Sus mismos atributos.

Jesús es muy consciente de lo profundamente arraigada que está en nuestras mentes la creencia en el tiempo, así que nos dice que  “No se te pide, por lo tanto, que entiendas que el tiempo no tiene realmente una secuencia lineal.”  (L – 194) en estos momentos nos parece más real el tiempo que la eternidad, así que se nos invita a practicar instantes santos, momentos en que nos aquietemos y en silencio nos sumerjamos en el ahora. El ahora es la ventana que nos conecta con la eternidad.
“Y mediante tu experiencia comprobarás que también has puesto en Sus Manos el pasado y el presente, porque el pasado ya no te castigará más y ya no tendrá sentido tener miedo del futuro.” (L – 194)

Cuando decimos “Pongo el futuro en Manos de Dios.” es lo mismo que decir, dejo de tener miedo al futuro, dejo de tener miedo a un hipotético castigo de Dios, dejo de tener miedo a la muerte, y me pongo en los amorosos brazos de la paz y la dicha del Señor de la eternidad,

EL INSTANTE SANTO:

El ahora, el momento presente, el instante santo, es el único tiempo real, el pasado no existe, es un recuerdo, ya pasó, y el futuro no existe ni existirá, pues cuando el futuro “llegue” es presente. El futuro es la forma como manifestamos nuestros miedos, nuestros temores y ansiedades. El futuro no es más que una proyección mental de nuestro pasado, una continuidad mental que se salta el momento presente. Si situamos nuestra mente en el ahora el ego no podría sobrevivir ante la  presencia de la eternidad, ante la presencia del amor que sana todo miedo, ante la presencia de la paz que sana todo conflicto.

Cada momento presente, observado con nuestro  silencio interior, en ausencia de todo juicio, tiene un efecto sanador extraordinario. Cada ilusión contemplada en el momento presente se diluye en ese instante santo, y en la medida que practicamos más y más instantes santos, el ahora se nos convierte en el único presente, en una eternidad de amor y paz que colapsa el tiempo, el pasado y el futuro desaparecen ante cada instante santo.

“Y así, cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entregado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tristeza, del dolor y hasta de la misma muerte.” (L – 194)

TIEMPO Y ETERNIDAD:

Cuando pones el futuro en manos de Dios, pones tu vida en manos de la eternidad que eres, recuerdas tu origen y tu verdadera identidad como perfecto Hijo de Dios, inmortal e invulnerable, todo miedo y toda incertidumbre desaparecen y la culpa ya no te atormentara más.

“Tu futuro está en Manos de Dios, así como tu pasado y tu presente.” (L – 194) cuando  elegimos poner el futuro en manos de Dios, cuando recordamos Su Amor, nos estamos entregando a la totalidad que somos, nos estamos entregando a la eternidad.  Pasado y futuro “Para Él son lo mismo, y, por lo tanto, deberían ser lo mismo para ti también.” (L – 194) El tiempo es solo una ilusión que se cree separada de la eternidad, y ¿que son el pasado y el futuro dentro de la eternidad? Un fugaz momento, que desaparece inmediatamente despertemos del sueño de creernos separarnos del Cielo.

“Libera el futuro. Pues el pasado ya pasó, y el presente, libre de su legado de aflicción y sufrimiento, de dolor y de pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo se escapa del cautiverio de las ilusiones, por las que ha venido recorriendo su despiadado e inevitable curso.” (L – 194)

En un principio no alcanzamos a dimensionar lo que verdaderamente significa liberarnos de la ilusión del tiempo y adentrarnos a la eternidad al aceptar y vivir el ahora, pues quizás aún nos falta muchas culpas que perdonar para hacer más ligero nuestro pasado y sanar muchos miedos futuros, de ahí que Jesús nos dice que, “Si pudieses ver la lección de hoy como la liberación que realmente representa, no vacilarías en dedicarle el máximo esfuerzo de que fueses capaz, para que pasase a formar parte de ti.” (L -194)

Solo en el ahora desaparece todo juicio, toda condena, toda enfermedad y todo miedo. Acepta el ahora tal como es, sin juicios y sin quejas, perdona todo lo que pueda perturbar tu paz, y la paz y el amor serán tu presente, se han convertido en tu instante santo, el momento en que la eternidad desciende en forma de amor sobre el tiempo  y lo diluye.

En el momento presente, desprovisto de todo juicio, y de toda culpa, no hay nada que proyectar, no hay a nadie a quien acusar, no hay enemigos a quien temer, nuestra mente ha sanado, la paz ha retornado y el amor y solo el amor gobiernan nuestras vidas, como ha sido siempre y lo seguirá siendo por toda la eternidad donde emana la fuente de todo Amor, de toda  paz y de toda felicidad, y disponemos de ello ahora, solo en este instante santo en que fusionamos el presente con la eternidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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