LECCIÓN 207

LECCIÓN 207

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

1. (187) “Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.”

¿Por qué me bendigo a mí mismo cuando bendigo al mundo.? Porqué dar y recibir es lo mismo, y porque el mundo no es más que nuestra propia proyección mental.  El mundo que bendecimos es nuestro propio mundo así lo percibamos con miedo o con fastidio, en la medida que lo bendigamos lo podremos percibir con amor y paz.

Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy, esta es la profunda verdad tras toda ilusión de separación, pues somos una sola mente, unidas a un mismo Padre. Para comprender esto tenemos que mirar más allá del mundo de las formas, y observar los pensamientos amorosos que trascienden el tiempo y el espacio.

“El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.” (L – 187) el amor nunca cambia, y cuando lo damos le otorga todo  significado a cualquier expresión de dar. Por tal razón, si das alguna cosa material a alguien que cree necesitarlo, dalo con mucho amor, dalo con generosidad, con bondad, pues lo que estás dando realmente no es la cosa en sí, si no el amor que expresas  cuando das. La cosa en sí, con el tiempo desaparecerá, pero el amor que das es inmutable, y eso  que estás dando es lo que eres realmente: amor, y al darlo lo estás reforzando en ti, lo estás incrementando. Por eso “Da gustosamente, pues con ello sólo puedes beneficiarte.”  (L – 187)

“Los pensamientos se extienden al compartirse, pues no se pueden perder.” (L – 187). Esta es la base del principio de dar y recibir, es la base de la verdadera prosperidad y abundancia. En este mundo de conflictos y sufrimientos no son sólo cosas materiales las que podemos dar, en algunos casos es posible que no las  tengamos, de ahí que por sobre todo da amor, que eso es lo único que eres. En un determinado momento, una sonrisa desde el corazón,  tiene más poder transformador que cualquier cosa de este mundo.

“No hay un dador y un receptor en el sentido en el que el mundo los concibe.” (L – 187) El mundo no se divide entre dadores y receptores. El receptor da su amor y gratitud y finalmente se convertirá en dador, pues tal es el plan de Dios para la salvación. Por eso siempre habrá  “un dador que conserva lo que da, y otro que también habrá de dar.” (L – 187)

Y cuando aprendamos a dar sólo amor, y perdonemos todo lo que no sea amor en nosotros, y perdonemos toda creencia en la carencia, podremos contemplar todo lo que nos parece sacrificio y sufrimiento con una sonrisa, con la certeza que ello se desvanecerá con la luz de nuestro amor, como todas las ilusiones de este mundo.

La lección de hoy nos invita también a aprender a recibir, en especial el Amor de Dios, cuando le damos la bienvenida desde nuestro corazón su luz nos sanará de todo pesar o sufrimiento: “La bendición de Dios irradia sobre mí desde dentro de mi corazón, donde Él mora. No necesito más que dirigirme a Él y todo pesar desaparece conforme acepto Su infinito Amor por mí.” (L-207)

PRÁCTICA DIARIA:

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

(187) “Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.”

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

Con estas  ideas nos levantaremos por la mañana, pasaremos todo el día y nos acostaremos pensando en ellas y nos levantaremos nuevamente.
Con estas ideas meditaremos en la mañana y en la noche, mínimo 15 minutos, y haremos una pausa cada hora para recordarlas en quietud y silencio y hacerlas nuestras, para igualmente   repetirlas entre horas lo más que podamos.

RESPUESTA A LA TENTACION:

A lo largo del día, “Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:”

“No quiero este pensamiento. El que quiero es ________ .”
(L– r VI. 6:1-2)
En el caso de  hoy el pensamiento que quiero es:

(187) “Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.”

“Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado.” (L-r VI.6:4)

No olvides dejar pasar ni un solo pensamiento  vano en tu mente sin confrontarlo, sin perdonarlo, ya sea de ira, ataque, carencia, tristeza, culpa, miedo o cualquier otro pensamiento no amoroso que niegue tu realidad inmortal. La salvación depende que no dejes ni una sola mancha de oscuridad en tu mente, para que la luz de tu Amor ilumine al mundo y a todas las mentes que Dios creó una contigo.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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