LECCIÓN 203

LECCIÓN 203

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

1. (183) “Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.”

Invocar el nombre de Dios es una de las lecciones más simbólicas para recordar a Dios y tenerlo presente en nuestra mente la mayor parte del tiempo.

Realmente Dios no tiene nombre. El nombre Dios es un genérico que utilizan las religiones para designar al ser supremo, el creador del universo, al dador de la vida.

El nombre Dios en nuestra cultura, es la latinización del griego Deus del que se origina el nombre Zeus, padre de los dioses en la mitología griega. Recordemos que el Nuevo Testamento se escribió, en griego, entre los años 50 y 150 de nuestra era, por personas, que dada la época,  lo más seguro es que no conocieron personalmente a Jesús.
La relatividad de los nombres de Dios, se manifiesta en que cada cultura designa por lo general a su Dios con mayúscula y a los dioses de otras culturas en minúsculas. De ahí deviene la creencia en dioses de pueblos particulares, que se consideran así mismos, como “el pueblo elegido de Dios”.  El cristianismo al trascender el marco de referencia del pueblo judío sienta las bases de su universalización, pues el amor y la paz no pueden ser patrimonio de un pueblo específico sino de todos los Hijos de Dios.
El griego como idioma original del Nuevo Testamento establece una diferencia con el Antiguo Testamento, que se escribió en hebreo y arameo que eran los  idiomas que utilizaba  el pueblo judío y el que utilizó Jesús en su ministerio.
Al ser escrito el nuevo testamento en griego, este parece  conviertirse en el idioma oficial del cristianismo primitivo. Cuando la iglesia católica se convirtió en la religión oficial del imperio romano en el año 325, el latín se convirtió en el idioma oficial del catolicismo. La Biblia sólo podía ser traducida al latín, cualquier intento de  traducirla a los idiomas nacionales, terminaba con la vida del hereje  en la hoguera. La hegemonía del latín como único idioma de la Biblia se mantuvo por más de mil años. Hace un poco más de tres siglos atrás se comienza a traducir la Biblia en los  idiomas nacionales, más sin embargo, hasta hace menos de un siglo las misas se oficiaban únicamente en latín. 

La paradoja de la historia, es que el latín pasó de ser el idioma oficial del imperio romano, el mismo imperio que crucificó a Jesús, a ser convertido en un idioma sagrado, el idioma en que se estudiaba el nuevo testamento, que habla de la obra de Jesús, y en el que se oficiaban las misas en las que  se evocaba a Jesús.

Cada religión tiene su propio catálogo de nombres de Dios, en nuestro medio son muy conocidos los utilizados por el judaísmo como Yahvé, Jehová, Adonaí, Elohim, etc.

El Curso no utiliza ninguno de esos nombres, ni ningún nombre específico de Dios, pues parte del presupuesto que Dios no tiene nombre, y que las palabras son símbolos de símbolos, y por lo tanto, están doblemente alejadas de la realidad. Así que invocar el nombre de Dios y el mío propio, es una manera de recordar la presencia de Dios en nuestra mente. El significado está mucho más allá del cualquier nombre o símbolo. ”Décimos  “Dios es”, y luego guardamos silencio, pues en ese conocimiento las palabras carecen de sentido” (L- 169. 5:4)

Queda la pregunta, ¿por qué entonces la lección habla de invocar el nombre de Dios?  La única respuesta, es que el Curso se escribió en lenguaje cristiano e inspirado a partir de la cultura cristiana, y a partir de allí, llevarnos a una experiencia unificadora de Dios.

Ahora, si usted se identifica con un nombre específico de Dios puede utilizarlo, como una forma de invocarlo, ya sea  Jehová, Shiva, Osiris, Alá, o cualquier otro.  Los símbolos los podemos utilizar como una manera de  recordar a Dios, teniendo la consciencia que el símbolo no substituye en ningún momento la realidad omnipresente, que todo lo abarca y todo lo puede, a la que llamamos Dios.

Sobre esa base podemos decir:
“El Nombre de Dios es mi liberación de todo pensamiento de maldad y de pecado porque es mi nombre, así como el de Él.” (L 203)
El nombre de Dios me “libera de todo pensamiento de maldad” es una manera de decir que el nombre de Dios me libera del ego y todo pensamiento de culpa y ataque. Cuando invocas el nombre de Dios, estas invocando los atributos que el representa como el amor, la paz y la dicha, que son nuestra única realidad, invocar el nombre de Dios es invocar la Verdad que nos habita.

PRÁCTICA DIARIA:

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

(183) “Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.”

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

Con estas  ideas nos levantaremos por la mañana, pasaremos todo el día y nos acostaremos pensando en ellas y nos levantaremos nuevamente.
Con estas ideas meditaremos en la mañana y en la noche, mínimo 15 minutos, y haremos una pausa cada hora para recordarlas en quietud y silencio y hacerlas nuestras, para igualmente   repetirlas entre horas lo más que podamos.

RESPUESTA A LA TENTACION:

A lo largo del día, “Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:”

“No quiero este pensamiento. El que quiero es ________ .”
(sexto repaso – 6:1-2)
En el caso de  hoy el pensamiento que quiero es:

(183) “Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.”

“Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado.” (sexto repaso – 6:4)

”La iluminación es un reconocimiento no un cambio.” (L 188.1:4) Y ese reconocimiento pasa por una elección que debemos hacer de manera permanente, esa elección es entre el ego y Dios. Debemos elegir entre lo falso y lo verdadero, invocar el nombre de Dios es elegirlo a Él en lugar del ego, y de afirmar nuestra unidad indisoluble con Dios. Reconocer mi verdadera identidad  como mente  en lugar de cuerpo, es parte de este mismo proceso, de decidir siempre a favor de Dios y Su Reino. La salvación es una negación y una afirmación. Negarnos lo que no somos: ego, para afirmar lo que somos: una mente, libre e ilimitada, tal como Dios nos creó. La elección culmina con el reconocimiento definitivo de nuestro Ser, en ese momento, sólo el Amor y nada más que el Amor, ilumina nuestra vida.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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