LECCIÓN 200

LECCIÓN 200

“No hay más paz que la paz de Dios.”

Esta idea es una afirmación realizada con certeza y convicción por Quien conoce la naturaleza  de este mundo de conflictos, guerras y sufrimientos y  sabe que la paz es un imposible lógico en el mundo del ego, de la separación y la culpa. Quien conoce el Cielo nos dice con todo su Amor que no continuemos con esa búsqueda frenética de encontrar la paz donde nunca la podremos encontrar: en el infierno de este mundo.

Esta pregunta que nos hace Jesús en el Texto, nos puede servir de  referencia para esta lección: “¿Hasta que punto deseas la paz en lugar de los conflictos interminables, el sufrimiento y el dolor.?” (T-29. VI.1:2) Nuestra vida cotidiana pareciera tener como función resolver  problemas y conflictos en una sucesión  interminable, de ahí que la paz se nos convierte en un anhelo difícil de conquistar simplemente porque la buscamos donde no se puede hallar. “Deja de buscar. No hallarás otra paz que la paz de Dios.” la paz no la encontraremos en este mundo mientras no cambiemos la percepción basada en los juicios, las condenas y los ataques. Mientras nuestra mente esté guiada por el ego, jamás vamos a encontrar paz.

No hay más paz que la paz de Dios. “Acepta este hecho y te evitarás la agonía de sufrir aún más amargos desengaños, o de verte invadido por una sombría desesperación y una gélida sensación de desesperanza y de duda.” aceptar la paz de Dios es comenzar a poner fin a todo sufrimiento, y dejar toda esperanza de felicidad donde no se encuentra, es ponerle fin a una búsqueda equivocada.

Pide paz “y sólo puedes ganar. Pedir lo que ya tienes te lleva al éxito.” la paz es nuestra verdadera naturaleza como perfectos Hijos de Dios. “Pedir que lo que es falso sea verdadero sólo puede conducir al fracaso.” seguir creyendo que la paz y la felicidad la vamos a encontrar en este mundo, es la historia de un fracaso anunciado.

“Perdónate a ti mismo tus vanas imaginaciones y deja de buscar lo que no puedes encontrar.” solo perdonando nuestras ilusiones en este mundo, solo perdonando nuestras culpas y miedos, comenzaremos a percibir el reflejo de la paz de Dios en este  mundo, que nos conducirá a las puertas de  una  paz  que trasciende todo entendimiento, una  paz que  tan solo podremos experimentar pero difícilmente explicar con las palabras y símbolos de  este mundo.

“¿qué podría ser más absurdo que buscar el infierno una y otra vez cuando no tienes más que abrir los ojos y mirar para darte cuenta de que el Cielo se encuentra ante ti, allende el umbral de una puerta que se abre fácilmente para darte la bienvenida?” dejemos de darle valor a lo que no lo tiene, abandonemos la locura de pensar que la paz y la felicidad la  podremos conquistar en este mundo de la mano del ego, y que sea posible a costa de la paz y el bienestar de nuestros hermanos.

De ahí la exhortación que nos hace Jesús: “Regresa  a  casa.  Jamás encontraste felicidad en lugares extraños, ni en formas que te son ajenas y que no tienen ningún significado para ti, si bien trataste de que lo tuvieran.” regresar a casa implica aceptar la verdad de lo que eres y perdonar todo aquello que no eres, perdonar todo aquello que niegue el amor que es tu única realidad.

“No te corresponde estar en este mundo. Aquí eres un extraño.” algunos podrán creer que entonces la solución sería morir ahora y “descansar en la paz del Señor” como se dice en nuestro entorno cuando alguien acaba de fallecer. Esa no es la solución que este Curso nos ofrece, no se  trata de ponerle fin al cuerpo no sin antes realizar nuestra función de sanar nuestra mente perdonando nuestras ilusiones, y restableciendo nuestra verdad. Nuestro despertar lo realizaremos de forma consciente, comprendiendo y aceptando nuestro origen, perdonando las causas de nuestros aparentes conflictos y problemas, liberando a nuestros hermanos de las cadenas que les pusimos cada vez que los juzgábamos y condenábamos. En otras palabras, la paz la encontraremos cuando decidamos  “cambiar de parecer con respecto al propósito del mundo.”  la paz es el  resultado de nuestro cambio de percepción de este mundo. En ese proceso el cuerpo deja de ser un instrumento de ataque y separación que el ego le tenía asignado, a ser un instrumento de comunicación para perdonar y extender amor de la mano del Espíritu Santo.

“Permanecerás encadenado hasta que veas el mundo como un lugar bendito, liberes de tus errores a cada hermano y lo honres tal como es.” mientras no perdonemos, seguiremos encadenados a este mundo y mantendremos encadenados a nuestros hermanos.

“En el perdón reside tu paz, pues en él radica el fin de la separación y del sueño de peligro y destrucción, de pecado y muerte, de locura y asesinato, así como de aflicción y pérdida.” (T-29. VI.1:4) Sólo el perdón nos conduce a la única verdadera paz, no hay otro camino, no hay otra opción distinta al amor.

La lección vuelve a abordar el sentido metafísico del perdón:  “¿Qué función tiene el perdón? En realidad no tiene ninguna, ni hace nada, pues es desconocido en el Cielo. Es sólo en el infierno donde se le necesita y donde tiene una formidable función que desempeñar.” es sólo en este mundo donde el perdón tiene “una formidable función que desempeñar.” una vez que hayamos perdonado todas nuestras culpas y miedos, y despejado todos los obstáculos que nos impedían experimentar el amor que somos y las puertas del Cielo se abren para darnos su jubilosa bienvenida, el perdón quedara atrás junto con el mundo que ayudó a desaparecer, sólo queda nuestro amor y gratitud por la guía del Espíritu Santo y por la eterna Voluntad de unidad y Amor de nuestro Padre.

PRÁCTICA LARGA:

Así que practiquemos hoy con la certeza y la convicción que nos aproximamos a la paz de Dios, tanto en la meditación de la mañana y de la noche cuando en la quietud de nuestro silencio interior hacemos nuestras estas palabras:

“No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.”

Y en la medida que profundicemos en nuestra meditación, recordemos que “La paz de Dios es nuestra, y no habremos de aceptar o querer nada más. ¡Que la paz sea con nosotros hoy!”

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Acuérdate cada hora de sentarte en silencio un par de minutos, para recordar la paz de Dios y perdonar todo aquello que en la hora anterior pudiese afectar tu paz, diciéndote:

“No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.”

Recuerda  que  “La paz es el puente que todos habrán de cruzar para dejar atrás este mundo.” y este puente lo cruzamos de la mano del Espíritu Santo, perdonando todo lo que creamos que  nos pueda quitar la paz.

RESPUESTA A LA TENTACION:

Si a  lo largo del día crees experimentar alguna situación conflictiva, responde inmediatamente con estas palabras:

“No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.”

Recuerda que “La paz es la respuesta a las metas conflictivas, a las jornadas insensatas, a las búsquedas vanas y frenéticas y a los empeños sin sentido.”

Cuando reconocemos y aceptamos la paz de  Dios, “puedes sentir como su tierno abrazo envuelve tu corazón y tu mente con consuelo y amor.”

Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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