LECCIÓN 196

LECCIÓN 196

“Es únicamente a mí mismo a quien crucifico.”

El Curso de Milagros es un sistema de pensamiento sobre las causas no sobre los efectos.

Este mundo se dibuja y se redibuja tras la culpa subyacente tras la separación, en un esfuerzo desesperado por huir de un supuesto castigo de Dios, por un pecado original del que pareciera nunca nos vamos a liberar.

En nuestras vidas cotidianas recreamos la culpa una y otra vez. Para ello utilizamos el mecanismo de la proyección, buscando trasladar la culpa desde nuestra mente hacia afuera, se la endosamos a los otros, creyendo que con ello nos liberamos de nuestra propia culpa, cuando lo que hacemos es reforzarla, generando una cadena de enemigos, ataques y peligros que percibimos por la dinámica de nuestra película mental.

La otra forma de proyectar la culpa, es contra nosotros mismos, contra nuestros cuerpos, lo que da origen a la enfermedad, en la psicología moderna se denomina esto como introyección, percibimos un mundo peligroso que parece agredirnos y ese estrés nos enferma. La culpa es la pérdida de nuestra paz mental.

“Lo que más pavor te da es la salvación.” que es lo mismo  que decir, que nuestro mayor temor es a Dios, expresado en el miedo a la muerte, y al castigo divino reflejado en toda experiencia de pérdida o sufrimiento.

Mientras no sanemos nuestro miedo a Dios será muy difícil sanar cualquier otro aspecto de nuestra mente, pues todas las demás experiencias no son sino efectos de esta primera causa.

Para sanarnos no “es necesario que te escondas lleno de terror del miedo mortal a Dios que la proyección oculta tras de sí.” pues escondernos de Dios y de su supuesto castigo es lo que parece que hemos hecho por miles de años, y lo único que hemos conseguido ha sido una historia de conflictos, guerras, sufrimiento y muerte.

La única manera de sanarnos es reconocer que la causa está en nuestra mente, de asumir la  responsabilidad de nuestros pensamientos, renunciar a hacer juicios, que es lo mismo que decir, dejar de  proyectar sobre tus hermanos la culpa inconsciente, y por el contrario, traer de nuevo a tu consciencia los juicios que habías emitido, reconocer que se originaron en tu mente, y que sólo en tu mente también se encuentra la solución, que es sanarlos a través del perdón.

Elegir abandonar los pensamientos de culpa y ataque, que supuestamente haces a los otros, cuando en realidad es a ti mismo a quien atacas.   es lo que nos recuerda la idea de hoy. “Es únicamente a mí mismo a quien crucifico.”

Los beneficios de reconocer de qué todo se originó en nuestras mentes y que lo podemos sanar a través del perdón son incalculables: “Cuando realmente hayas entendido esto, y lo mantengas firmemente en tu conciencia, ya no intentarás hacerte daño ni hacer de tu cuerpo  un esclavo de la venganza.”

“No te atacarás a ti mismo, y te darás cuenta de que atacar a otro es atacarte a ti mismo. Te liberarás de la demente creencia de que atacando a tu hermano te salvas tú. Y comprenderás que su seguridad es la tuya, y que al sanar él, tú quedas sanado.”

Sanar nuestro temor inconsciente a Dios, es dar los pasos definitivos para sanar nuestra mente, sanar el mundo y regresar al Cielo. Todo depende de nuestra decisión, de elegir de nuevo la guía del Espíritu Santo y perdonar todas nuestras falsas creencias acerca de la separación.

“El pensamiento desesperante y deprimente de que puedes atacar a otros sin que ello te afecte te ha clavado a la cruz.” en cada hermano refulge la luz de Cristo en ti, que la podrás contemplar cuando renuncies a los juicios y ataques.

Cuando comprendamos que sólo nos atacamos a nosotros mismos, pues nuestros hermanos  sólo son aspectos de la única Mente del Hijo de Dios, renunciemos entonces a los juicios y los ataques y le damos paso al perdón y la paz. “pues una vez que entiendas que nada, salvo tus propios pensamientos, te puede hacer daño, el temor a Dios no podrá sino desaparecer.”

En ese momento entenderemos que “No podrás seguir creyendo entonces que la causa del miedo se encuentra fuera de ti.”

Sólo cuando perdónanos nuestros miedos, nos volvemos conscientes que “es únicamente a ti mismo a quien crucificas, no le has hecho nada al mundo y no tienes que temer su venganza ni su persecución.”

En el instante santo en que perdonamos todo juicio contra nuestros hermanos y contra Dios, es “Cuando el temor a Dios desaparece, no queda obstáculo alguno entre la santa paz de Dios y tú.”

Cuando elegimos al Espíritu Santo como nuestro guía, cuando elegimos el amor y la paz, tendremos la certeza, que “Es a ti a quien tu mente trata de crucificar. Mas tu redención también procederá de ti.” la elección es nuestra, el  momento en que decidamos perdonar también es nuestro, ¿porque esperar a perdonar? Cuando el amor siempre nos ha esperado, y la paz y la felicidad están tan solo un paso, a un instante santo de amor y perdón.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s