LECCIÓN 191

LECCIÓN 191

“Soy el santo Hijo de Dios Mismo.”

Esta lección nos va a enseñar a encontrar nuestra verdadera identidad que aparentemente perdimos tras la separación. Soñamos que podíamos crear diferente al Padre, nos olvidamos de reírnos y nos creímos el sueño. Los personajes de nuestro sueño parecen adquirir realidad, y de la nada fuimos creando este mundo en el que parece que vivimos.

Nos sucedió como a quien decide jugar a hacer actor o actriz de teatro o de cine, elige interpretar un personaje, y termina tan identificado con el personaje que se olvida de quien en verdad es. Como nos lo recuerda Jesús en forma de pregunta: “¿qué podría ser esto sino un juego en el que puedes negar tu Identidad?”

Es lo que nos sucede cuando venimos a este mundo, adquirimos un nombre, y asumimos múltiples roles, desde bebé recién nacido hasta de joven, hijo, estudiante, vecino, profesional, empresario, esposo/a, padre, madre, etc. Con cada rol que asume mi personaje, me siento un yo especial y diferente de los demás. Y me olvido cada vez más de quien realmente soy. Cada experiencia individual en este mundo es una recreación de la separación original. Lo primero que surge es la consciencia, la consciencia de sentirse separado, un “yo” y un “Tu”, un “yo” que se separa de la totalidad a la que llamará “tu” , un sujeto y un objeto, un observador y un observado. Nace el ego resultado de un error, que asustado con lo que cree haber hecho, emprende una huida ante el temor de un supuesto castigo de Dios. En ese proceso, la culpa anida en nuestra consciencia y le da forma a todas nuestras experiencias, es el mundo que fabricamos y en el que creemos vivir. Nos olvidamos de nuestra verdadera identidad y nos convertimos en los personajes de nuestra propia película.

Pero en nuestras mentes permanece el recuerdo de lo que somos, el recuerdo de Dios y de quien soy realmente. Sino fuera así, nos perderiamos definitivamente en el sueño de la separación, en medio de sus conflictos, dolores, y sufrimientos, llenos de miedo, inseguros, vulnerables, sometidos a las leyes del tiempo, condenados a enfermar y morir.

La pedagogía de este Curso, se basa en contrastes, en afirmar lo que somos para negar lo que no somos, como en la lección de hoy: “Soy el santo Hijo de Dios Mismo.” O, negar lo que no somos, para afirmar lo que verdaderamente somos, como la lección 199 que dice: “No soy un cuerpo, soy libre”

Cuando digo: “Soy el santo Hijo de Dios Mismo.” estoy afirmando mi verdadera identidad, a la vez que estoy negando mi falsa identidad de un yo separado, estoy negando al ego y su sistema de pensamiento, estoy aceptando la guía del Espíritu Santo.
Si afirmo que “Soy el santo Hijo de Dios Mismo.” estoy reconociendo, que gozo de los mismos atributos de Dios, pues fui creado a Su semejanza, esto es inmortal, invulnerable, pleno, amoroso, y gozando de una paz y dicha infinita. Con lo que estoy negando que sea un cuerpo voluble, que puede atacar o ser atacado, que puede sentir dolor, sufrir enfermedades o morir.

Así que venimos a este mundo a recordar quienes somos, el gran filósofo griego Platón, lo llamaba “reminiscencia”. El encargado de ayudarnos a despertar de este sueño y recordarnos quienes somos es el Espíritu Santo.

La práctica de hoy consiste en reconocer y aceptar lo que realmente somos. Tal como nos lo decía la lección 188, que “La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio” (L-188.1:4)

Nuestra tarea de hoy es aceptar que “Eres tal como Dios te creó. Creer cualquier otra cosa es absurdo. Con este solo pensamiento todo el mundo se libera. Con esta sola verdad desaparecen todas las ilusiones.”

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo, o hasta 15 o 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo en tu consciencia la idea de hoy:

“Soy el santo Hijo de Dios Mismo.”

Y en la medida que profundizas en tu meditación, ve en busca del Ser de luz que eres, el Cristo en ti. “Pues aquel que puede aceptar su verdadera Identidad realmente se salva.”

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Recuerda sentarte y aquietarte durante 2 minutos cada hora, y recordar quien en verdad eres, diciéndote en silencio:

“Soy el santo Hijo de Dios Mismo.”

Y para hacerlo verdad en ti haz que esta pequeña oración te acompañe a lo largo del día:
“Soy el santo Hijo de Dios Mismo. No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida.”

RESPUESTA A LA TENTACION:

Si a lo largo del día, sientes que estas en medio de alguna situación conflictiva, que experimentas algún dolor o temor, acuérdate de quien eres y responde a esa situación diciéndote:

“Soy el santo Hijo de Dios Mismo.”

Y no olvidemos este recordatorio que Jesús nos hace y las implicaciones que tiene para nosotros:
“Eres el santo Hijo de Dios Mismo. Recuerda esto, y el mundo entero se libera. Recuerda esto, y la tierra y el Cielo son uno.”

Bendiciones

Oscar Gómez Díez
💝🙏💝

https://oscargomezdiez.com/

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