LECCIÓN 188

LECCIÓN 188

“La paz de Dios refulge en mí ahora.”

En esta  lección aprendemos que la paz, y la luz siempre han existido en nosotros pues es nuestra herencia natural, son los dones que Dios nos dio cuando nos creó y permanecen eternamente con nosotros. Cuando vinimos a este mundo, trajimos con nosotros la luz, pero la hemos ocultado con el velo de la separación, la culpa y el miedo. Nos ocultamos y nos identificamos con cuerpos densos diseñados para ver afuera y no dentro de sí. Invertimos la realidad y ahora nos creemos víctimas del mundo que hemos fabricado.

La lección nos recuerda quienes somos y nos llama a despertar. Lo primero que nos pide es que nos liberemos de la esclavitud del tiempo, estamos atrapados entre el pasado y el futuro. Cada vez que estamos inmersos en conflictos y sufrimientos anhelamos la paz y construimos expectativas futuras, y soñamos que quizás la salvación nos llegará en algún futuro incierto, que tendré que trabajar haciendo muchos sacrificios y rituales para liberarme. Más Jesús cuestiona esa creencia: “¿Por qué esperar al Cielo?” la salvación es ahora, el despertar es ahora, contemplar nuestra luz y nuestra paz es ahora.

Nos recuerda que la luz ya está en nosotros, solo basta correr el velo con que cubrimos la luz que somos. Y nos hace una definición sencilla y poderosa acerca de la iluminación:
“La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio.” no tenemos que hacer nada en el mundo físico ni en nuestros cuerpos para iluminarnos, solo tenemos que reconocer que ya somos luz, que la luz nos ha habitado siempre, y una vez reconocida la luz la aceptamos como nuestra, la experimentamos, la vivimos y la irradiamos al mundo como una bendición de amor.

“La luz vino contigo desde tu hogar natal, y permaneció contigo, pues es tuya. Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente.” así que porque tenemos que esperar a un futuro incierto para contemplar la luz que somos?
“¿Quién podría negar la presencia de lo que contempla en sí mismo?  No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda visión.” la luz está en nuestro interior, siempre lo ha estado, para que esperar, como la podríamos negar si decidimos mirar hacia nuestro interior?

Es en nuestra mente donde comienza y termina la percepción. Esa es su única fuente. Depende si miramos con los ojos del cuerpo o con la visión interior.

“La paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo.” cuando reconoces que la luz siempre te ha  habitado, también reconocerás la paz que eres, los conflictos que creías percibir en el mundo no son reales, la paz de Dios es tuya por ser Su Hijo bien amado.” “La paz de Dios jamás se puede contener. El que la reconoce dentro de sí tiene que darla.” y cuando la reconoces brota desde tu corazón e irradia su luz sobre todo el mundo. Con tu luz y tu paz perdonas toda falsa creencia acerca de ti y del mundo.

PROPÓSITO:

“El propósito de nuestras prácticas de hoy es acercarnos a la luz que mora en nosotros.”

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo, o hasta 15 o 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia la idea de hoy:

“La paz de Dios refulge en mí ahora.”

Y mientras te vas relajando y profundiza en tu meditación comienza a reconocer tu luz y paz interior,  “En la quietud la paz de Dios se reconoce universalmente. Pues lo que tu visión interna contempla es tu percepción del universo.”

“Siéntate en silencio y cierra los ojos. La luz en tu interior es suficiente. Sólo ella puede concederte el don de la visión.”

“Ciérrate al mundo exterior, y dale alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti.”

Desde las profundidades de tu silencio emergerán los pensamientos amorosos que son los santos mensajeros de Dios, “Éstos son los pensamientos que piensas con Él. Ellos reconocen su hogar y apuntan con absoluta certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hijo son uno.” estos pensamientos conocen el camino de regreso a casa y te conducirán con la dulzura del amor. Y nos perdónanos todo pensamiento no amoroso, todo juicio o toda culpa que se interponga en nuestro camino de regreso a nuestro Hogar

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Nos sentaremos un par de minutos cada hora, en silencio a reiterar nuestro único propósito de reconocer la luz y la paz que somos, y nos decimos:

“La paz de Dios refulge en mí ahora. Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz, y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.”

RESPUESTA A LA TENTACION:

Si a lo largo del día sientes que estas ante una situación conflictiva responde inmediatamente con la  idea del día:

“La paz de Dios refulge en mí ahora.”

Cuando reconocemos que la luz y la paz moran en nuestro interior, nos adentramos en la quietud de nuestro silencio, donde afloran los pensamientos amorosos y nos dejamos guiar por ellos, perdónanos nuestros errores con la luz y la paz de Dios. Y tomamos las riendas de nuestros pensamientos, que serán iluminados con la luz del amor, con la luz de la  paz, y toda culpa y todo miedo se desvanecen al contemplarlos con la luz que somos, nuestra inocente sonrisa dará testimonio de un mundo de conflictos y sufrimientos que vamos dejando atrás, un mundo  que soñamos pero que se va borrando de nuestra memoria mientras despertamos y ascendemos por la escalera del amor y la oración que el perdón nos facilita.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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