LECCIÓN 184

LECCIÓN 184

“El Nombre de Dios es mi herencia.”

Esta lección nos va enseñar acerca de los símbolos y su significado, como la forma que construimos la “La realidad” de este mundo.
Cada día recreamos la separación y le damos realidad, de ahí la dificultad para salir del mundo de la percepción. Estamos atrapados por nuestras propias ilusiones.
En este mundo somos seres simbólicos, nos relacionamos y comunicamos a través de símbolos. A cada cosa, objeto o entidad biológica o humana le asignamos un nombre, y le damos un significado, y lo vemos separado de nosotros. Recreamos la separación desde los cuerpos, cuando nace un bebé y se separa del vientre de su madre, le asignamos un nombre, le damos una entidad aparte, y le enséñanos el mundo de los símbolos y los significados, y con cada nombre que aprende, con cada significado que se le asigna este bebé va creciendo considerando que todos esos objetos o seres separados son la  realidad. “Cuando llamas a un hermano es a su cuerpo a lo que te diriges.”

Lo que no tiene nombre, no tiene realidad, no existe. Vemos lo concreto, lo específico, y vamos perdiendo la visión de la totalidad, de la unidad que subyace en toda la creación. En este mundo de opuestos, los conflictos y las carencias profundizan la separación, vemos enemigos y peligros por doquier, el miedo y los juicios nos gobiernan. Cuestionar la realidad de este mundo nos parece una locura, cuando la locura es considerar real este mundo. De ahí que las primeras lecciones del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros, estén centradas en quitarle el significado a las cosas que vemos en este mundo, con el propósito de ver el verdadero significado que está más allá de las cosas y las formas, el Amor que lo abarca todo, la unidad que sustenta la vida, el significado de Dios y Su Creación.
Jesús como gran pedagogo que es, nos enseña que este cambio del falso significado al verdadero no lo podemos hacer de manera abrupta, pues no podríamos cumplir nuestra función docente, de enseñar la irrealidad del mundo y la realidad de Dios. Así que necesitamos seguir utilizando los símbolos como medio de comunicación en el mundo, pero con la consciencia de que no son reales, los usamos por conveniencia mientras perdónanos las ilusiones, avanzamos hacia el mundo real, donde los símbolos y las palabras van perdiendo significado y en la que el verdadero significado y Su Fuente va adquiriendo cada vez más realidad en nuestra vida. Mientras tanto viviremos en este mundo con la consciencia que no somos de este mundo. O como le respondió Jesús a Poncio Pilato hace 2 mil años atrás: “Mi Reino no es de este mundo.”

Para hacer este proceso, son las enseñanzas de este libro, perdonar nuestros errores, dejar de juzgar y condenar a nuestros hermanos, y verlos más allá de sus cuerpos, viéndolos con los ojos del amor, percibiendo en ellos la luz que compartimos, afirmando nuestra unidad eterna. Pero también tenemos que experimentar a la Fuente del único significado, experimentar la  totalidad del Amor, la luz que lo abarca todo, eso lo hacemos con nuestras meditaciones, en la quietud y el silencio de los instantes santos, en la que nos adentramos en la eternidad, contemplamos la unidad con Dios y regresamos al mundo a enseñar que sólo hay un Nombre, un solo significado, una sola  unidad en la que todo y todos estamos  integrados.
Con esa convicción, los símbolos del mundo se desvanecen, el espacio que  separaba las cosas va desapareciendo y el tiempo que parecía establecer una brecha entre la  ley de causa y efecto, se va colapsando cuando perdónanos nuestro pasado y construimos un futuro en base a un presente de amor y perdón, un futuro que hemos puesto en las manos de Dios.

“Dios no tiene nombre. Sin embargo, Su Nombre se convierte en la lección final de que todas las cosas son una y con esta lección finaliza todo aprendizaje.”

Metafísicamente hablando Dios no tiene nombre, quien se lo asignaría? Para que lo necesitaría? Acaso necesita de un nombre para diferenciarse de Su Hijo que es Su extensión?
Así se lo dijo a Moisés en la zarza ardiente, cuando este le preguntó por Su nombre y Su respuesta fue: “Soy el que Soy”. Tomás de  Aquino también reflexionó sobre las enorme dificultad de asignarle un nombre a Dios y distorsionar Su significado.
Entonces para que utilizamos el Nombre de Dios? Para que decimos: ¿”El Nombre de Dios es mi herencia.”?
Esto es  parte de nuestro aprendizaje, no podemos quitarle al mundo todos sus nombres, símbolos y significados sin ofrecer una alternativa, un Nombre que simbolice a la Fuente de todo significado. Sin el Nombre de Dios, la salvación se nos presentaría como un horroroso vacío, un viaje a ninguna parte, pero cuando vamos unificando nuestras metas, y tengamos un solo propósito, cuando nos dejemos guiar por la amorosa mano del Espíritu Santo, y vamos dejando atrás el mundo, con sus millones de nombres, símbolos y significados ilusorios, y estamos en presencia de la luz de la eternidad, y sentimos  como el Amor  que todo lo abarca nos acoge en Sus brazos, cuando sólo expresamos amor y gratitud, y dánzanos con un gozo infinito al fundirnos con el Amor que todo lo es, que importancia tiene saber Su Nombre. Cuando estamos ante Dios, no estamos ante un extraño, sino ante el Amor que somos, en ese momento  sabremos que Su Nombre es el nuestro: Soy lo que Soy, por siempre jamás.

Una vez comprendido el significado del Nombre de Dios, podemos comenzar y  terminar cada práctica que hagamos con esta hermosa oración:

“Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. En Él estamos unidos con toda cosa viviente, y Contigo que eres su único Creador. Lo que hemos hecho y a lo que hemos dado muchos nombres diferentes no es sino una sombra que hemos tratado de arrojar sobre Tu Realidad. Y nos sentimos contentos y agradecidos de haber estado equivocados. Te entregamos todos nuestros errores, a fin de ser absueltos de cuantos efectos parecían tener. Y aceptamos la verdad que Tú nos das en lugar de cada uno de ellos. Tu Nombre es nuestra salvación y la manera de escapar de lo que nosotros mismos hemos hecho. Tu Nombre nos une en la unicidad que es nuestra herencia. y nuestra paz. Amén.”

Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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