LECCIÓN 182

LECCIÓN 182

“Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.”

Esta lección comienza con una afirmación metafísica muy contundente que diferencia a este Curso de muchas otras enseñanzas :
Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar.” este mundo no es nuestro hogar. No fue creado por Dios, y tampoco lo son las formas y los cuerpos que creemos ver o tener. Este mundo es sólo una proyección mental, una ilusión, una película que nos hemos inventado en nuestro sueño de separación.
Y en algún recodo de nuestra mente, en aquella parte de nuestra que conserva el recuerdo del amor que somos, sabemos que esto es verdad, no somos de este mundo, nuestro Hogar no es este lugar en el que creemos vivir. Lo sabemos cada vez que los conflictos y las carencias nos agobian, cuando pensamos que nos sentimos incompletos, cuando anhelamos el amor que nos hace sentir plenos e íntegros, cuando pensamos que hay una paz que trasciende todo conflicto y cuando sentimos que hay una dicha que este mundo nunca nos podrá ofrecer.

El recuerdo de lo que verdaderamente somos aflora una y otra vez, es una Voz que nos susurra con dulzura sobre nuestro verdadero Hogar, que nos invita a despertar de este sueño de separación y que nos señala el camino y la forma de hacerlo.
Pero nos entretenernos con las formas y los juguetes de este mundo, creyendo poder sustituir al Cielo con alguna de las tantas fantasías que a diario fabricamos. Más sin embargo, el recuerdo de lo que somos aflora una y otra vez, hasta que decidamos contestar nuestro llamado en la forma inocente de nuestro niño interior. Ese niño es el Cristo que somos, que nos invita a regresar junto con todos nuestros hermanos. Para hacerlo “Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.” este es el instante santo.

Para ello debo aquietarme, entrar en silencio, olvidarme del mundo, olvidarme de los cuerpos que parecen moverse en el mundo, cerrar los ojos y olvidarme de mi cuerpo, de mis aparentes problemas y dejarme ir, para así poder escuchar la Voz del Amor dirigirme en mi camino de regreso a mi verdadero Hogar y contemplar la realidad  de lo que Soy.

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo, o hasta 15 o 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.”

Y en la medida que te relajas, y en profundo silencio interior, decídete a escuchar la Voz de la inocencia de tu niño, el Cristo que te habita, mostrarte tu verdadero Hogar, descansa en Él junto con todos tus hermanos al contemplarlos en la luz que compartimos entre todos.

“Su llamada es tan conmovedora que ya no le ofrecerás más resistencia. En ese instante te llevará a Su hogar, y tú permanecerás allí con Él en perfecta quietud, en silencio y en paz, más allá de las palabras, libre de todo temor y de toda duda, sublimemente seguro de que estás en tu hogar.”

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Nos sentaremos un par de minutos cada hora, en silencio a reiterar nuestro único propósito de recordar a mi verdadero Hogar, la inocencia que soy y la luz que me habita, y me digo:

“Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.”

“Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato.”  Y me dejaré llevar al Hogar al que siempre he pertenecido.

RESPUESTA A LA TENTACION:

Cada vez que te sientas tentado de criticar, culpar, condenar, o atacar a un hermano, detente, depón las armas, cesa todo ataque y recuerda la inocencia que eres, e inmediatamente y te dices:

“Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.”

Recuerda que este mundo no es tu hogar y que los aparentes enemigos y problemas no son reales, son imaginarios.

El gran filósofo griego Platón nos decía que venimos a este mundo a recordar lo que somos. Él lo llamaba reminiscencia. La salvación es un recordar, recordamos nuestro verdadero origen, nuestro verdadero Hogar, y el Espíritu Santo nos enseña la manera que podemos experimentarlo. De nuestra parte debemos elegir escuchar la Voz del Amor, la Voz de nuestra inocencia y decidir aquietarnos e ir a nuestro Hogar eterno, que siempre nos has esperado y nos seguirá esperando hasta que decidamos dar nuestro último paso. El  Cielo está en nosotros, y lo veremos cuando recordemos el Amor que somos y decidamos emprender el camino de regreso a casa, al corazón de Dios.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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