LECCIÓN 170



LECCIÓN 170

“En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco.”

A estas alturas, cuando estamos llegando casi a la mitad del Libro de Ejercicios, ya podemos identificar parte de su metodología.
El Curso determina a Dios cómo fuente de toda verdad y realidad. Dios y todos sus atributos, como el amor, la paz, la dicha, la plenitud, la eternidad, la invulnerabilidad, la omnisciencia o Su  conocimiento, etc, son el criterio para determinar la verdad. Todo lo que  sea opuesto a estos criterios de verdad, no es real, es ilusorio, es falso.
Las lecciones desarrollan estos opuestos. Establecen la verdad y lo contrastan con el sistema de pensamiento del ego, para desvirtuarlo y así restablecer la verdad. O simplemente se reafirma la verdad. Por ejemplo:
“Dios es la Mente con la que pienso ” L45
“Soy tal como Dios me creó” L 94
“Dios, al ser amor, es también felicidad” L 103
O son lecciones donde se hace explícito el contraste y la oposición, para luego afirmar la verdad como la lección de hoy:
“En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco.” se señala lo que Dios no es, para afirmar lo que sí es: Amor. Y como fui creado a semejanza de Dios, los atributos de Dios, son por extensión mis propios atributos. De tal manera si Dios es Amor, yo también lo soy.
Cuando comprendemos la lógica y la metodología del Curso, nuestro aprendizaje fluye, y vamos aplicando en nuestra vida diaria los criterios sobre la verdad que el Curso nos enseña. De esta manera todo lo que nos encontremos en nuestra vida diaria que no sea amoroso, lo debemos considerar como falso y proceder a perdonarlo.

Esta lección nos habla de la crueldad, el miedo y el ataque, y como el ego invirtió la realidad, al justificar la ira y el ataque, al darle realidad al miedo y justificar las defensas. Pero igualmente, el ego le asigna a Dios atributos que no tiene, como el “Dios de la venganza” o “la ira de Dios”. De esta manera nuestro mayor obstáculo a la paz es nuestro miedo inconsciente a Dios. Si no restablecemos la verdad, que Dios es solo Amor y nada mas que Amor, no podremos sanar nuestra mente del miedo y del ataque y restablecer nuestra paz interior.

La tesis central de la lección es: “Tú fabricas aquello de lo que te defiendes. Y al defenderte contra ello haces que sea real e ineludible.”

Los pensamientos de miedo se originan en nuestra mente, lo mismo que los pensamientos de  defensa y ataque. Nosotros mismos nos inventamos la película del miedo y la proyectamos al mundo, y lo que percibimos es un mundo que parece atacarnos y agredirnos. Sin darnos cuenta que el mundo  no es mas que el espejo que refleja nuestros falsos pensamientos. La única solución que Jesús nos recomienda es: “Depón tus armas, y sólo entonces percibirás su falsedad.” pues cuando atacas y lo consideras en defensa propia, lo único que estás manifestando es crueldad. Al  otro, a tu hermano lo has convertido en tu enemigo, y tú te has convertido en tú propio enemigo. Así no se conquista ni la libertad ni la paz. La única solución es perdonar nuestras creencias en el miedo, las defensas, el ataque, y descartar la falsa seguridad que el ataque parece brindarme.

Por eso Jesús  nos dice que contemplemos por última vez al miedo y la crueldad, pero ya no con los ojos del cuerpo sino con la visión de Cristo, elijes abandonar los ídolos de piedra que habias erigido como dioses de venganza, y Dios Mismo los reemplazará por el Amor que somos. Esto es el verdadero perdón. Reconocemos nuestros miedos, lo que nos quita la paz, elegimos mirarlos con los ojos del amor y los soltamos, se lo entregamos a Cristo, al Espíritu Santo, para que Dios mismo lo reemplace por amor, paz y dicha, y en ese momento agradecemos con la siguiente hermosa oración, que es nuestra verdadera comunicación con Dios:

“Padre, somos como Tú. En nosotros no hay crueldad, puesto que en Ti no la hay. Tu paz es nuestra. Y bendecimos al mundo con lo que hemos recibido exclusivamente de Ti. Elegimos una vez más, y elegimos asimismo por todos nuestros hermanos, sabiendo que son uno con nosotros. Les brindamos Tu salvación tal como la hemos recibido ahora. Y damos gracias por ellos que nos completan. En ellos vemos Tu gloria y en ellos hallamos nuestra paz. Somos santos porque Tu santidad nos ha liberado. Y Te damos gracias por ello. Amén.”

Recordemos hacer la misma práctica de los días anteriores. Dedicamos entre 5 y 30 minutos de meditación en la mañana y en la noche con la idea y la oración del día. Y cada hora recordamos a Dios y su infinito Amor que nos sanará de todo miedo y crueldad.

La salvación no es más que recordar a Dios y sus atributos, reconocerlos como la verdad y excluir todo los pensamientos falsos a través del perdón. De esta manera el Amor florecerá cada día en nuestro corazón hasta que su luz cubra todo nuestro ser, ilumine nuestros ojos, guíe nuestros pasos, sane nuestra mente, hasta que un día, sin saber cómo ni cuándo nos convertimos, en el amor mismo, más bien nos damos cuenta que no fue un cambio sino un reconocimiento, pues siempre hemos sido amor, lo habíamos olvidado, y ahora lo recordamos, ahora somos lo que siempre hemos sido, Amor, paz y dicha, y nuevamente damos gracias a nuestro Padre por nunca haberse olvidado de nosotros, Sus Hijos bien amados.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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