LECCIÓN 163

LECCIÓN 163

“La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre.”

Esta es una lección de una gran profundidad metafísica, que nos puede generar resistencias comprenderla si la abordamos desde la lógica del mundo.
El sistema de pensamiento del ego nos dice que la muerte es lo único seguro en este mundo. Que la muerte es inevitable, que no podemos escapar de ella, estamos condenados a morir y no podemos liberarnos de la muerte.

Así que cuando decimos que la muerte no existe, alguien nos replicaría que todos los días muere gente, que los cementerios todos los días entierran muertos, y también mueren animales y plantas, que la muerte es la única ley inexorable de este mundo.

Así que examinemos primero la idea del día y como nos la explica la lección.

“La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre.” la idea está compuesta de dos oraciones:
“La muerte no existe.” esta es una afirmación categórica que no se presta a dudas de ninguna clase. Niega a la muerte y afirma la vida eterna.
“El Hijo de Dios es libre.” esta segunda oración, también es categórica. Nos dice que el Hijo de Dios está exento de la muerte, es libre de la creencia en la muerte, es libre de los pensamientos de miedo y muerte del ego. La pregunta que podría surgir, desde la lógica del mundo, sería “¿porque el Hijo de Dios es libre de la muerte? Recordemos la lección de ayer: “Soy tal como Dios me creó” y entre los atributos del Hijo de Dios, mencionamos entre otros, que era un espíritu inmortal, invulnerable, pleno, que no está sujeto al tiempo y tampoco a la muerte. Así que cuando él Curso menciona el término “Hijo de Dios” con mayúscula, se está refiriendo a nuestro Ser en el estado del Cielo, no al personaje que cree vivir en este mundo, que se identifica con un cuerpo y lo gobierna el ego.
Así que no estamos ante una discusión médica o biológica acerca de la muerte, sino desde una discusión metafísica.

Aclarado este aspecto, veamos como la lección define la muerte:
“La muerte es un pensamiento” esta es una definición totalmente opuesta a la que el mundo considera como muerte, como el final de la vida de un cuerpo biológico. Pero el abordaje del Curso no es físico ni biológico. El Curso no se dirige a los cuerpos si no a la mente. Y la naturaleza de la mente es inmortal, ilimitada y libre.
Desde esta perspectiva es imposible que el cuerpo pueda morir pues nunca ha existido, pues no es más que una proyección mental del ego para afirmar la separación, en su propósito de negar el amor a través del miedo, y en este caso, el peor de todos los miedos, es el miedo a la muerte.

Siendo la muerte un pensamiento de la mente que se cree separada y dividida, adquiere en este mundo diversas formas para manifestarse. No sólo mueren cuerpos sino que también mueren deseos, expectativas y emociones.
Así que todas las formas de miedo, culpa y ataque se consideran formas de la muerte, y no sólo lo que tenga que ver con cuerpos, por ejemplo, murió el amor que esa pareja se tenía, le decretaron la muerte deportiva al atleta que consumió doping, etc. estas formas de muerte no las reconocernos como tales, la lección relaciona las siguientes:
“tristeza, miedo, ansiedad o duda; en forma de ira, falta de fe y desconfianza; preocupación por el cuerpo, envidia, así como en todas aquellas formas en las que el deseo de ser como no eres pueda venir a tentarte.”

Todo pensamiento de tristeza, miedo, ansiedad o duda; son formas de muerte.
Todo pensamiento de ira, falta de fe y desconfianza; son formas de muerte.
Todo pensamiento de preocupación por el cuerpo, envidia, es una forma de muerte.
Todos los pensamientos en las que el deseo de ser como no eres, son formas de muerte.
¿Por qué no reconocemos estos pensamientos como formas de muerte? Porque no hacemos consciencia de que todos esos pensamientos son tan ilusorios como la muerte misma, son pensamientos originados en la separación y la culpa, sujetos al tiempo, que surgen y desaparecen, que me recuerdan la condición limitada y mortal del cuerpo con la que es mente se ha identificado.

La muerte es funcional al sistema de pensamiento del ego. Con la muerte, el ego pretende demostrar su superioridad sobre Dios. Lo mortal se cree superior a lo inmortal, el tiempo a la eternidad, el miedo al amor. Dios no puede evitar que su Hijo muera, por lo tanto, no es infalible, no es perfecto. El ego proclama su supuesta victoria sobre Dios.

El sistema de pensamiento del Espíritu Santo es totalmente opuesto al del ego y plantea las diferencias con este en terminos absolutos:

O bien, “todas las cosas mueren, o bien todas viven y no pueden morir.” en esto no hay términos medios. Si aceptamos la muerte, estamos aceptando al ego y su sistema de creencias.
Y de lo que si estamos seguros es que Dios no creó la muerte. Lo inmortal no crea lo mortal, el amor no crea al miedo, y la Vida eterna no crea a la muerte. Así que debemos elegir, ¿creemos en Dios, en la verdad, y en el Amor,? ó ¿creemos en la muerte, en el miedo, en lo efímero.?
La decisión que tomemos, nos conduce a la sanación de nuestras mentes, y al regreso al Amor, ó, nos mantiene atados a este mundo de cuerpos, limitados, carentes, que creen que nacen y mueren, mientras padecen sus culpas, conflictos y sufrimientos. La decisión está en tus manos.

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo, o hasta 15 ó 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo en tu consciencia las siguientes palabras:

“La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre.”

Y en la medida que te relajas, y en profundo silencio interior, le pides al Espíritu Santo que te ayude a recordar que eres solo amor, que eres el perfecto Hijo de Dios, eterno, invulnerable, y a través de la visión de Cristo contempla la ilusión de la muerte, con la certeza de Quien nunca ha nacido y nunca morirá, y verás la ilusión de la muerte desaparecer de tu mente.

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Nos sentaremos un par de minutos cada hora, en silencio a reiterar nuestro único propósito, de recordar y aceptar nuestra verdadera identidad, de reconocernos como el perfecto Hijo de Dios, eterno, invulnerable, impecable, libre de pensamientos de muerte.

Los pensamientos de muerte no han afectado ni podrán afectar al Hijo de Dios, pues Él tiene el perfecto conocimiento de Quien es, no tiene conflicto de identidad, sabe de su perfecta unicidad con Dios, su voluntad está unida a la Voluntad de Dios.

Y por eso diremos con profundo amor y devoción la siguiente hermosa oración, que podemos practicar cada hora a lo largo del día:

“Padre nuestro, bendice hoy nuestros ojos. Somos Tus emisarios, y deseamos contemplar el glorioso reflejo de Tu Amor que refulge en todas las cosas. Vivimos y nos movemos únicamente en Ti. No estamos separados de Tu Vida Eterna. La muerte no existe, pues la muerte no es Tu Voluntad. Y moramos allí donde Tú nos ubicaste, en la vida que compartimos Contigo y con toda cosa viviente, para ser como Tú y parte de Ti para siempre. Aceptamos Tus Pensamientos como nuestros, y nuestra voluntad es Una con la Tuya eternamente. Amén.”

Bendiciones

Oscar Gómez Díez

💝🙏💝

https://oscargomezdiez.com/

2 respuestas a “LECCIÓN 163

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