LECCIÓN 161

LECCIÓN 161

“Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.”

Esta es una poderosa lección para sanar la ira, el odio y el ataque, y así pasar del miedo al amor, cuando seamos capaces de contemplar la inocencia de nuestros hermanos y reconocer la propia.

La lección comienza a explicarnos como a partir de la separación perdimos la condición natural de la mente que es de una abstracción total. Perdimos el Conocimiento de la totalidad con la que Dios nos creó, que es la capacidad de ver todo como si fuera uno solo. De una mente todo abarcante, omnisciente, pasamos a una mente que ve de forma parcial y fragmentada. Pasamos de lo abstracto a lo concreto. Para hacer esto, fabricamos el mundo y los cuerpos. Los órganos de percepción como los ojos ven solo lo que la mente quiere ver y los oídos oyen lo que la mente quiere escuchar, el alcance de lo que vemos y escuchamos está limitado por una distancia que medimos en metros. Así fue como surgió lo concreto, percibimos y pensamos de forma concreta, al identificarnos con el cuerpo limitamos a nuestra mente, pasamos de una mente ilimitada a una mente limitada, pareciera que logramos lo imposible, por lo menos así lo percibimos.

Luego la lección nos trae una definición del cuerpo, que nos puede parecer sorprendente para quienes no conozca la metafísica del Curso, “los cuerpos no son sino símbolos de una forma específica de miedo.” este mundo y sus cuerpos se fabricaron para negar el amor, para darle forma a la separación, y es sobre los cuerpos donde proyectamos nuestros miedos y culpas. El amor al ser real no necesita de símbolos, el ego al ser falso necesita aferrarse a lo concreto, a los cuerpos y a identificarse con ellos.
“Los cuerpos atacan; las mentes no.” esta es la razón por lo que los cuerpos se convierten en símbolos de miedos, necesitamos ver el miedo representado en alguna forma ya sean cuerpos de personas, de animales, o de monstruos que nuestra mente imagina. “Sin embargo, ¿qué otra cosa sino la mente le ordena al cuerpo a que ataque?” los cuerpos por si mismos, no son auto motivados, sólo obedecen lo que la mente les ordene.

“El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco. Tiene que percibir un enemigo de tal forma que éste se pueda tocar, ver, oír y finalmente matar.” no odiamos mentes en abstracto, el objeto de nuestra ira y de nuestra furia la proyectamos sobre cuerpos concretos. Así que los cuerpos no sólo son símbolos del miedo sino también de nuestra ira, de nuestro odio, es al cuerpo al que queremos destruir y matar. Es sobre los cuerpos que proyectamos nuestros miedos, nuestras defensas y nuestros ataques. De ahí que el Curso sea tan insistente en que tenemos que ver a nuestros hermanos más allá de los cuerpos y ver la luz que son, si no logramos verlos con la visión de Cristo, con la visión del amor, tampoco reconoceremos nuestra luz y nuestro amor. En nuestros hermanos nos salvamos o nos condenamos, depende si elegimos verlos desde el amor o desde el miedo.

Cómo en este mundo sólo percibimos lo concreto, el Espíritu Santo lo reinterpreta para llevarnos de lo concreto a lo abstracto.
“Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una.” vamos hacer el ejercicio de ver en una parte a la totalidad, tal como nos lo enseña los hologramas, vamos a practicar de lo concreto a lo abstracto, si logramos contemplar a un hermano con la visión de Cristo, habremos contemplado la inocencia de todos nuestros hermanos, al no ver a un enemigo, veremos a un hermano y a través de él a todos los hermanos, ya no veríamos al demonio o al monstruo sino al ángel que habita en nosotros. De eso se trata nuestra práctica de hoy.

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo, o hasta 15 ó 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo en tu consciencia las siguientes instrucciones:

“Selecciona a un hermano para que sea el símbolo de los demás y pídele la salvación. Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la misma manera en que estás acostumbrado a verlo. Observa su rostro, sus manos, sus pies, su ropa. Obsérvalo sonreír, y ve los gestos que le has visto hacer tan a menudo que ya te resultan familiares. Luego piensa en esto: lo que estás viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados, arrancar con sus sagradas manos los clavos que atraviesan las tuyas y quitar de tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste. Pídele lo siguiente para que él pueda liberarte:”

“Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.”
“Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad.”

Ten la certeza que el Cristo que has invocado te responderá. La Voz que habla por Dios vendrá ayudarte a ver la inocencia de tu hermano y la tuya, en ese momento ya no veras cuerpos si no una luz que se une y se reconoce a sí misma.

“Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti.”

Esta práctica te ayudará a escapar del miedo y de la ira, y te llevará por los senderos del perdón, el amor y la paz.

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Nos sentaremos un par de minutos cada hora, en silencio a reiterar nuestro único propósito, de pedir ver a nuestros hermanos con la visión de Cristo, a perdonar todo aquello que nos impida ver la inocencia en ellos, pues de lo contrario, no vería mi propia inocencia, así que me lo recordaré diciendo:

“Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.”
“Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad.”

Pídele al Espíritu Santo que te ayude a ver a todos tus hermanos con la visión de Cristo, con la visión del perdón y del amor, verás como el miedo desaparece, al no ver enemigos, en su lugar ves la luz de tu hermano y en ese instante reconocerás tu propia luz brillando sobre un mundo perdonado.

RESPUESTA A LA TENTACION:

Si a lo largo del día sientes la tentación de atacar a un hermano y de percibir en él tus miedos, repite inmediatamente la idea de hoy:

“Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.”
“Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad.”

“Y lo verás cambiar súbitamente de enemigo a salvador; de demonio al Cristo.”

Sanar nuestra mente es liberarla de la esclavitud del cuerpo, para que vuelva a ser una mente libre e ilimitada, con una visión de la totalidad que trascienda los límites de lo concreto, eso lo logramos cuando seamos capaces de perdonar a nuestros hermanos, asumamos la responsabilidad de nuestros pensamientos, y pasar de ver al cuerpo como instrumento de ataque, como el objeto de nuestros odios, a verlo como un instrumento de comunicación al servicio del perdón y la paz, o a no ver el cuerpo, y solo contemplar a nuestros hermanos con la visión de Cristo, la visión del amor, así es como nos sanamos, así es como nos salvamos, así es como salvamos al mundo y regresamos a Dios de la amorosa mano de Jesús y del Espíritu Santo.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
💝🙏💝

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