LECCIÓN 154

LECCIÓN 154

“Me cuento entre los ministros de Dios.”

El término “ministro de Dios ” no es de uso frecuente en Un Curso de Milagros, lo vemos en las lecciones 153 y 154, y se equipara con los conceptos de mensajero de Dios, y más adelante como maestro de Dios.

Dado el lenguaje cristiano del Curso, vale la pena precisar el significado tanto en la iglesia católica como en las iglesias no tradicionales:
“Ministro viene del verbo ministrar o servir, así que un Ministro es alguien que sirve a los demás miembros de su grupo religioso.”

“Ministro es el título dado a ciertas personas en algunas iglesias, quienes son autorizadas para realizar determinadas funciones que varían en cada religión.”

En la Iglesia católica, el ministro es quien administra válidamente los sacramentos. Según el caso puede ser el obispo o el sacerdote, y en el caso del matrimonio los contrayentes. En las iglesias no tradicionales, es alguien del clero ordenado, el pastor o predicador.

En esta lección el término “ministro de Dios” se equipara con el de mensajero de Dios, de hecho se utiliza este último término para explicarnos el papel que debemos practicar en este mundo.

La lección empieza diciéndonos que así como no podemos juzgar a nuestros hermanos, tampoco podemos juzgarnos a nosotros mismos, pues no tenemos la capacidad para ello, ni podemos establecer nuestra propia valía, esa la determinó Dios y no está en cuestión. Tampoco podemos determinar nuestro papel dentro de un plan más amplio, que no podemos captar en su totalidad. Solo el Espíritu Santo tiene esa capacidad. “Nuestro papel se nos asigna en el Cielo, no en el infierno.”

“El Espíritu Santo escoge y acepta tu papel por ti, toda vez que ve tus puntos fuertes exactamente como son, y es igualmente consciente de dónde se puede hacer mejor uso de ellos, con qué propósito, a quién pueden ayudar y cuándo.”

“Él no actúa sin tu consentimiento” y “te asigna tu función, te la comunica, y te proporciona las fuerzas necesarias para poder entender lo que es, para poder llevar a cabo lo que requiere, así como para poder triunfar en todo lo que hagas que tenga que ver con ella.”

Una vez asignado el papel, precisemos el como y el para que. El Curso dice que nuestro papel es la de mensajero de Dios. Y nos precisa las características que lo diferencian de los mensajeros del mundo.
Un mensajero es quien lleva un mensaje de un emisor a un destinatario, el mensajero no escribe el mensaje, no lo lee, no lo revisa ni lo juzga, sólo lo entrega. En el caso del mensajero de Dios, tampoco escribe el mensaje, ni cuestiona a Quien lo escribe, ni lo reescribe, tampoco cuestiona sobre los destinatarios del mensaje, solo acepta la misión y lleva el mensaje, pero si que tienen una característica que lo distingue de los mensajeros de este mundo:
“Los mensajes que transmiten van dirigidos en primer lugar a ellos mismos. Y es únicamente en la medida en que los pueden aceptar para sí que se vuelven capaces de llevarlos aún más lejos, y de transmitirlos allí donde se dispuso que fueran recibidos.” el destinatario del mensaje es el propio mensajero, quien una vez ha comprobado en sí mismo la realidad del mensaje se apropia del mismo, lo comparte con sus hermanos, y en ese momento se convierte en un mensajero de Dios,
“Nadie puede recibir, y comprender qué ha recibido, hasta que no dé. Pues sólo al dar puede aceptar que ha recibido.” demostramos que hemos comprendido el mensaje al transmitirlo a otros, es enseñando que aprendemos, aplicando el principio de dar y recibir. Y aquel que recibe el mensaje también querrá compartirlo contigo de tal manera que nos convertimos en una sola Voz bajo la guía del Espíritu Santo, de esta manera unimos nuestras mentes y corazones para retornar a la unidad a la que siempre hemos pertenecido.

El Espíritu Santo “necesita nuestra voz para poder hablar a través de nosotros. Necesita nuestras manos para que acepten Sus mensajes y se los lleven a quienes Él nos indique. Necesita nuestros pies para que éstos nos conduzcan allí donde Su Voluntad dispone que vayamos, de forma que aquellos que esperan acongojados puedan por fin liberarse. Y necesita que nuestra voluntad se una a la Suya, para que podamos ser los verdaderos receptores de los dones que Él otorga.”

Hoy aprenderemos la lección que no reconoceremos lo que hemos recibido hasta que no lo hayamos dado.

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo, o hasta 15 ó 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo en tu consciencia las siguientes palabras:

“Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecido de disponer de los medios a través de los cuales puedo llegar a reconocer que soy libre.”

En la medida que nos aquietamos con estas palabras, hagamos consciencia que sólo puedo reconocer que soy libre, si acepto plenamente la verdad de lo que soy, y lo medios que se me dieron para llegar a tal reconocimiento son los milagros y el perdón, que deshicieron las creencias de lo que no soy, que me liberaron de la esclavitud del ego, y doy gracias a Dios, al Espíritu Santo, a Jesús por las bendiciones y la guía recibida; y a mis hermanos que a través de mi perdón me permitieron reconocerlos y llevarles el mensaje de la salvación como demostración que lo he comprendido, asumiendo mi papel como ministro de Dios, como mensajero del amor y de la paz.

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Y cada hora a lo largo del día nos sentaremos un par de minutos en silencio a recordar nuestro papel como mensajeros de Dios, diciéndonos:

“Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecido de disponer de los medios a través de los cuales puedo llegar a reconocer que soy libre.”

La mejor demostración que hemos aprendido algo es enseñándolo, pues cuando enseñamos, cuando compartimos lo que hemos aprendido, se vuelve verdad para nosotros. Dar y recibir son lo mismo, esto se nos ha enseñado de múltiples maneras, si queremos recibir los regalos de Dios, primero debemos darlos, esta es una regla universal para todo lo que hacemos en la vida, si queremos recibir amor. ofrezcamos amor, si queremos recibir paz ofrezcamos paz, no hay otra manera de recibir que dando, pues todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
💝🙏💝

Visita:
https://oscargomezdiez.com/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s