LECCIÓN 153

LECCIÓN 153

En mi indefensión radica mi seguridad.

La naturaleza de este mundo de opuestos es el conflicto. Es un mundo cimentado en la culpa. Como queremos inconscientemente deshacernos de la culpa, la proyectamos sobre nuestros hermanos, al acusarlos los atacamos, y nos quedamos esperando el contra ataque. De ahí surgen las defensas que dan lugar a nuevos ataques y a nuevas defensas, en una espiral sin fin alimentada por el miedo. Y todo ello se origina en que elegimos tener un sueño de separación y nos olvidamos que como perfectos Hijos somos invulnerables, que nada nos puede atacar o hacer daño. Cuando me defiendo de un supuesto ataque me estoy identificando con mi falso ser, con el ego, con el cuerpo, estoy defendiendo una ilusión, y haciendo real la separación con mis hermanos y con Dios.
“Cualquier actitud defensiva implica debilidad. Proclama que has negado al Cristo y que ahora temes la ira de Su Padre.”

La única manera de salir de esta espiral de ataque – defensa – ataque es no reaccionando a ningún ataque, es perdonado nuestros miedos y culpas, es liberarnos de las creencias que podemos ser atracados y destruidos, es recordando quienes en realidad somos, y enseñarle a mis hermanos mi inocencia, pues en ella radica mi fortaleza, la certeza de que nada ni nadie me puede hacer daño, pues no existe nada ni nadie fuera de mi mente.
“La indefensión jamás puede ser atacada porque reconoce una fuerza tan inmensa, que ante ella el ataque es absurdo,”

Al sanar la mente de pensamientos de ataque desaparecen los enemigos,  o en otras palabras, al perdonarme la creencia en tener enemigos, al sanar mis relaciones, lo que antes veía como “enemigos” ahora son mis hermanos. El amor ocupa el lugar del miedo, y la unidad el lugar que ocupaba en mi mente la separación. La paz que nos parecía esquiva nos arropa con su sosegada presencia. Esto es lo que logramos cuando nos decimos con la vehemencia del amor: “En mi indefensión radica mi seguridad.”
Cada vez que creas que vas a ser atacado, cada vez que creas que debes defenderte, pregúntate si el ser que defiendes es real, recuerda al Cristo en ti, ese Ser es inmortal, invulnerable, impecable, su naturaleza es solo Amor y el Amor solo se ofrece a sí mismo tal como es:  inocencia, un gozo de Ser que comparte en paz lo que él es.

PRÁCTICA LARGA:

A partir de esta lección se nos pide que incrementemos el tiempo que queremos pasar con Dios en nuestras meditaciones diarias, se nos dice que dediquemos un mínimo de 5 minutos, y en la medida que  logremos calmar nuestra mente de cualquier distracción, aumentemos el tiempo a 10 o 15 minutos, y si podemos llegar a 30 minutos sería lo mejor. El tiempo que le dediquemos a Dios nunca será suficiente, pues Él está dedicado a nosotros eternamente.

Aquiétate durante 5 minutos como mínimo o hasta 30 minutos, de acuerdo a tu disposición, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“En mi indefensión radica mi seguridad.”

En la medida que te vas relajando busca al Cristo en ti, pídele al Espíritu Santo que te ayude a revelar el Ser que eres, reconócelo y acepta que eres tal como Dios te creó, un Ser inmortal, impecable, inocente, amoroso, de una paz y un gozo infinito.

“Hoy miraremos más allá de los sueños, y reconoceremos que no necesitamos defensas porque fuimos creados inexpugnables, sin ningún pensamiento, deseo o sueño en el que el ataque pudiera tener sentido alguno.”

La  salvación no es más que un reconocimiento, un recordar lo  que somos, una aceptación plena de nuestra naturaleza divina, un agradecer por las bendiciones recibidas, por la amorosa guía de la Voz que habla por Dios recordándonos quienes somos, un descorrer del velo del miedo y la ignorancia para poder contemplar la luz que todo lo es.

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

En la medida que recordemos nuestro verdadero Ser, que unimos nuestra voluntad con la Voluntad de Dios, nuestra paz se incrementara, si cada hora hacemos una pausa para decirnos:

“En mi indefensión radica mi seguridad.”

“Y nos sentaremos en silencio a esperarlo y a escuchar Su Voz que nos dirá lo que Él desea que hagamos durante la hora siguiente, mientras le damos las gracias por todos los regalos que nos concedió en la que acaba de transcurrir.”

Si hacemos esto, con el  tiempo y la práctica, no dejaras de pensar en Dios, y no dejaras de oír Su Voz guiando tus pasos, de forma serena y en un estado de absoluta indefensión, pues sabrás que el Cielo va contigo.

Cuando dejemos de proyectar culpas, de acusar a nuestros hermanos, cuando perdonemos nuestras culpas y miedos, cuando recordemos quienes realmente somos, cuando seamos capaces de ver la luz del Cristo en nosotros, cuando podamos ver esa misma luz en nuestros hermanos, ya no veremos enemigos ni ataques, ya no necesitaremos defensas, el miedo ha desaparecido, las armaduras del ego se han esfumado, y sólo queda lo que Soy, el inocente Hijo de Dios, que se encuentra con su Padre y contempla a sus hermanos con amor y dulzura, el sueño de guerra ha sido sustituido por un sueño feliz, como antesala de nuestro glorioso retorno al Cielo.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


Visita:
https://oscargomezdiez.com/

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