LECCIÓN 148

LECCIÓN 148

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(135) “Si me defiendo he sido atacado.”

(136) “La enfermedad es una defensa contra la verdad.”

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

Después de unos minutos en que introduces esta frase, en la que afirmas la indisoluble unidad de tu mente  con la de Dios, en la que excluyes de tu mente cualquier pensamiento contrario al amor, procedes a incluir las dos ideas de repaso, así:

(135) “Si me defiendo he sido atacado.”

(136) “La enfermedad es una defensa contra la verdad.”

Repite estas dos ideas ”sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.”

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de  Quien nos guía con amor y “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz.”

PRACTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Cada hora te aquietas durante un minuto y pasa un momento de recogimiento con el pensamiento que empezó el día, cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros.

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(135) “Si me defiendo he sido atacado.”

(136) “La enfermedad es una defensa contra la verdad.”

Terminaremos este día de práctica tal como lo empezamos, con una meditación de 5 minutos en la noche.

Toda defensa es un ataque. Y es un ataque contra la verdad que somos. Es la negación que el Hijo de Dios es invulnerable y eterno. Es la falsa creencia que algo o alguien nos puede hacer daño o destruir. El miedo y la culpa son los pensamientos que alimentan tales creencias.

La defensa siempre es un mecanismo del ego. En Dios y en el estado del Cielo no existen conceptos tales como defensa y ataque. El Amor en su eternidad es invulnerable, “nada real puede ser amenazado” ¿entonces que puede ser amenazado? Lo que no es real, lo que necesita justificarse, lo que se considera vulnerable, que cree que puede desaparecer o morir: nuestro ego, nuestra mente falsa, que al proyectar sus culpas sobre sus hermanos, se queda esperando con miedo  un contra ataque. Cuando proyectas la culpa sobre tu propio cuerpo, das lugar a la enfermedad. Tanto la enfermedad como el ataque son defensas contra la verdad que somos, los perfectos e impecables Hijos de Dios. Todo aquel que sabe quien realmente es, no se defiende, pues sabe que ello conduce a un ataque. De lo único que te tienes que “defender” son de tus propios pensamientos de culpa y miedo, perdónalos y el miedo desaparece junto con las defensas que habías construido. Quien sabe realmente quién es, simplemente enseña su amor y su inocencia, ahi radica su fortaleza y su seguridad. Se reconoce como una mente ilimitada, eterna e invulnerable, no se identifica con el cuerpo, ni lo defiende, pues sabe que el cuerpo no es real. Las ilusiones simplemente se les deshace a través del perdón, para que brille la verdad y el amor, en ese momento descubres y disfrutas de una seguridad y de “una paz que sobrepasa todo entendimiento,”  pues es una paz que no es de este mundo, es la paz que llega desde la eternidad a recordarte que ella eres tú.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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