LECCIÓN 146

LECCIÓN 146


“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(131) “Nadie que realmente se proponga alcanzar la verdad puede fracasar.”

(132) “Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era.”

PRÁCTICA LARGA:


Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

Después de unos minutos en que introduces esta frase, en la que afirmas la indisoluble unidad de tu mente  con la de Dios, en la que excluyes de tu mente cualquier pensamiento contrario al amor, procedes a incluir las dos ideas de repaso, así:

(131) “Nadie que realmente se proponga alcanzar la verdad puede fracasar.”

(132) “Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era.”


Repite estas dos ideas ”sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.”

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de  Quien nos guía con amor y “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz.”

PRACTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Cada hora te aquietas durante un minuto y pasa un momento de recogimiento con el pensamiento que empezó el día, cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros.

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(131) “Nadie que realmente se proponga alcanzar la verdad puede fracasar.”

(132) “Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era.”


Terminaremos este día de práctica tal como lo empezamos, con una meditación de 5 minutos en la noche.

Si queremos alcanzar la verdad debemos perdonar todo lo que no es verdad en nuestras mentes. En la medida que perdónanos el mundo en el que hemos proyectado todos nuestros miedos y culpas, todas nuestras carencias y conflictos, se va liberando de nuestras falsas creencias, en la medida que el mundo ilusorio va desapareciendo, irá emergiendo el mundo real, el mundo perdonado, el mundo interior de paz y amor, el mundo en el que finalmente reconozco quien en verdad soy, el mundo que me conduce de regreso a casa, en el que las búsquedas han concluido y el amor guía el camino que recorro con gratitud.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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