LECCIÓN 144

LECCIÓN 144

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(127) “No hay otro amor que el de Dios.”

(128) “En el mundo que veo no hay nada que yo desee.”

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

Después de unos minutos en que introduces esta frase, en la que afirmas la indisoluble unidad de tu mente  con la de Dios, en la que excluyes de tu mente cualquier pensamiento contrario al amor, procedes a incluir las dos ideas de repaso, así:

(127) “No hay otro amor que el de Dios.”

(128) “En el mundo que veo no hay nada que yo desee.”

Repite estas dos ideas ”sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.”

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de  Quien nos guía con amor y “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz.”

PRACTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Cada hora te aquietas durante un minuto y pasa un momento de recogimiento con el pensamiento que empezó el día, cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros.

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(127) “No hay otro amor que el de Dios.”

(128) “En el mundo que veo no hay nada que yo desee.”

Terminaremos este día de práctica tal como lo empezamos, con una meditación de 5 minutos en la noche.

Si reconozco y acepto que no hay otro amor que el de Dios, que ese Amor lo es todo y lo abarca todo, que me completa, me nutre, pues fue el amor que me creó, y que me dotó de todos sus atributos, que es lo único real pues es inmutable, un amor que no cambia y que nada lo podrá hacer cambiar, que ni el tiempo ni las ilusiones podrán  afectar la realidad de ese amor, de la que soy parte indisoluble,  un amor de cuya paz y gozo disfruto, un amor que no da lugar a ilusiones que lo nieguen, ni a fantasías que lo distorsione. No hay mundo que me pueda  ofrecer algo que yo desee distinto al amor, pues el Amor, es lo que Soy, mi naturaleza, mi origen y mi destino, no hay otro amor y no habrá otro en el mundo que lo  sustituya, ni que lo reemplace por algo mejor, pues el mundo que veo, no me puede ni podrá  ofrecer lo que el amor me ha dado y me seguirá dando por toda la eternidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


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