LECCIÓN 143

LECCIÓN 143

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(125) “En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.”

(126) “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.”

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

Después de unos minutos en que introduces esta frase, en la que afirmas la indisoluble unidad de tu mente  con la de Dios, en la que excluyes de tu mente cualquier pensamiento contrario al amor, procedes a incluir las dos ideas de repaso, así:

125) “En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.”

(126) “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.”

Repite estas dos ideas ”sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.”

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de la Quien nos guía con amor y “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz.”

PRACTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Cada hora te aquietas durante un minuto y pasa un momento de recogimiento con el pensamiento que empezó el día, Cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros.

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

125) “En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.”

(126) “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.”

Terminaremos este día de práctica tal como lo empezamos, con una meditación de 5 minutos en la noche, ”repitiendo en primer lugar el pensamiento que hizo de ese día una ocasión especial de bendición y felicidad para nosotros, y que, mediante nuestra fe, sustituyó en el mundo la luz por la oscuridad, el gozo por los pesares, la paz por el sufrimiento y la santidad por el pecado.”

Recordemos que el ego se  manifiesta, habla, hace y se expresa a través del cuerpo. Para el ego, la quietud y el silencio se equiparan con la muerte. Contrariamente, nuestra mente real, nuestro Ser se  manifiesta cuando  aquietamos el cuerpo y la mente, cuando entramos en silencio, en ese momento aparece nuestra mente observadora, la que contempla el mundo que inventamos y sin hacer nada, sin emitir ningún juicio, escucha a la Voz que habla por Dios decidirte: hijo mío, eso que ves no es real, y desde el fondo de tu Ser sonríes mientras las ilusiones se van desvaneciendo de tu mente, mientras despiertas del sueño de separacion. Y te vas dando cuenta que somos una sola mente, y que todo lo das es a ti mismo a quien se lo das, y que cuando solo das amor todo el universo responde con una danza infinita de paz y dicha, y en ese preciso momento “descubres” (pues ya lo sabias) que no existe nada más que el Amor y no existirá nada más que ese gozo eterno de Ser.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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