LECCIÓN 141

LECCIÓN 141

CUARTO REPASO
Introducción

De la lección 141 hasta la lección 150, realizaremos el cuarto repaso de las últimas 20 lecciones. Con esta lección (L 141) viene una introducción al repaso, es recomendable que  leamos está introducción cada día antes de iniciar nuestras prácticas de repaso.

Este repaso es muy distinto a los anteriores, que tenían una idea central y un breve  comentario. En este nos vamos a encontrar solo con las ideas centrales de las 2  lecciones que se repasarán   cada día, y una idea central que articulará los 10 días de repaso.

Este estilo de repaso es congruente con el propósito de prepararnos para la segunda parte del libro de ejercicios (lección 221 hasta la 365)  “en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad.” y en la que se utiliza cada vez menos la palabra y se busca la experiencia, hasta que la palabra sea cada vez menos necesaria como medio de comunicación, tal como nos lo dice la introducción a la segunda parte del Libro de Ejercicios: “Las palabras apenas significarán nada ahora. Las utilizaremos únicamente como guías de las que no hemos de depender. Pues lo único que nos interesa ahora es tener una experiencia directa de la verdad.” (L-II. In.1:1-3)
Así que este repaso intenta ser un ensayo preparatorio de lo que será la segunda parte del libro de ejercicios. Se repasaran 2 ideas centrales por día,  desde las lecciones 121 y 122 como primer  día de repaso, y así sucesivamente, más “un tema central que unifica cada paso del repaso que ahora emprendemos, el cual puede enunciarse de manera muy simple con estas palabras:”

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

Esta idea central la introducimos en nuestra consciencia en un estado meditativo durante 5 minutos y luego introducimos las 2 ideas de repaso. En total pueden ser unos 7 minutos de práctica por la mañana y 7 minutos por la noche.

Durante el día, buscamos aquietarnos un par de minutos cada hora para repasar las ideas de repaso del día. Cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros.

Esta Introducción la continuaré comentando en los próximos días, para no hacerla muy extensa hoy. Por ahora, lo importante es comprender la mecánica de la práctica de hoy y de los siguientes días.
Así que pasemos a los ejercicios de hoy, siguiendo el esquema de práctica que les he venido sugiriendo en los últimos días.

PRÁCTICA LARGA:
De la lección 141

Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones  en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la  otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo  en tu consciencia las siguientes palabras:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

Después de unos minutos en que introduces esta frase, en la que afirmas la indisoluble unidad de tu mente  con la de Dios, en la que excluyes de tu mente cualquier pensamiento contrario al amor, procedes a incluir las dos ideas de repaso, así:

(121) “El perdón es la llave de la felicidad.”

(122) “El perdón me ofrece todo lo que deseo.”

Repite estas dos ideas ”sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.”

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de la fuente de todo Amor y perdón, y “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz.”

PRACTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Cada hora te aquietas durante un minuto y pasa un momento de recogimiento con el pensamiento que empezó el día, Cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros.

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.”

(121) “El perdón es la llave de la felicidad.”

(122) “El perdón me ofrece todo lo que deseo.”

Terminaremos este día de práctica tal como lo empezamos, con una meditación de 5 minutos en la noche, ”repitiendo en primer lugar el pensamiento que hizo de ese día una ocasión especial de bendición y felicidad para nosotros, y que, mediante nuestra fe, sustituyó en el mundo la luz por la oscuridad, el gozo por los pesares, la paz por el sufrimiento y la santidad por el pecado.”

Cuando decidimos albergar solo los pensamientos que tenemos con Dios, estamos reconociendo nuestra verdadera identidad, excluyendo de nuestra mente todo pensamiento de separación, culpa, miedo o ataque, y restableciendo la unidad con todos nuestros hermanos, y ello es posible gracias al perdón, que nos ha ayudado a liberar de las ataduras del ego, de todo aquello que nos impedía experimentar el amor. Despejada la mente del velo de las ilusiones, la verdad brillará por nuestra elección a favor del amor. En ese momento la unidad de nuestra mente con la de Dios, ya no será una decisión sino una aceptación, ya no será un anhelo sino un  reconocimiento de lo que somos y de lo que siempre hemos sido: un solo Ser unido con Dios y con toda la Creación.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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