LECCIÓN 140

LECCIÓN 140

La salvación es lo único que cura.

Para una mejor comprensión de esta lección, primero debemos precisar que entendemos por salvación.

En la tradición cristiana la salvación es el sacrificio que Jesús hizo por nosotros cuando fue crucificado. Se supone que ese sacrificio nos salvó de nuestros pecados. En este caso la salvación es el sacrificio que alguien hace por nosotros. Es la absurda idea de que necesitamos sacrificar al amor para que el amor vuelva a nosotros.
Un Curso de Milagros reinterpreta el concepto de salvación, definiéndolo como la sanación de nuestra mente por el Espíritu Santo. Nuestra mente es salvada de la creencia que nos separamos de Dios, de la culpa, el miedo y todos los conflictos o enfermedades que creemos experimentar. La salvación se realiza a través de los milagros y el perdón. Conceptos como Expiación, milagros, Perdón, Espíritu Santo y Jesús se pueden considerar como sinónimos de salvación.

Cuando perdono a un hermano se convierte en mi salvador. En tus hermanos te salvas o te condenas, depende de sí le expresas amor y perdón, o juicios y ataques. Todo perdón es una elección hacia la unidad y el amor.

La causa de nuestras enfermedades están en nuestras mentes, y es allí y sólo allí donde se debe realizar la curación, buscarlas en otra parte es inútil y le da alas al sistema de creencias del ego de reafirmar la separación y la enfermedad. Reconocer que “lo que estaba enfermo era la mente que pensó que el cuerpo podía enfermar.” (T.28.II.11:7) es lo que nos puede sanar, pues en este reconocimiento radica el retorno de la verdad y la curación de nuestras mentes.

El Curso considera el cuerpo y la mente gobernada por el ego como ilusorios, por lo tanto, la medicina de este mundo lo que hace es “sustituir una ilusión por otra.”
La que está enferma es la mente, y esta proyecta sobre el cuerpo sus culpas, miedos y ataques. El cuerpo es un efecto no la causa de la enfermedad, por ello, “El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma.” (T.25.In.3:1-2).

La lección comienza cuestionando el concepto de curar que se utiliza en el mundo y de los remedios que se utilizan para enfrentar la enfermedad.
“Lo que el mundo percibe como un remedio terapéutico es sólo aquello que hace que el cuerpo se sienta “mejor”.” pero eso no es sanación de la mente, pues la culpa y el miedo siguen intactos, y se manifestarán de otra manera, ” Una creencia en la enfermedad adopta otra forma, y de esta manera el paciente se percibe ahora sano.”
” Mas no se ha curado.”
Simplemente en su sueño de separación, soñó que estaba enfermo y “encontró una fórmula mágica para restablecerse.” pero no ha despertado de su sueño de separación, su mente sigue enferma, y será la causa de otros síntomas en su cuerpo. “No ha visto la luz que lo podría despertar y poner fin a su sueño.” es una mente que todavía no se ha perdonado, que no recuerda aún su verdadero Ser.
Contrariamente “La Expiación cura absolutamente, y cura toda clase de enfermedad.” esta es la verdadera curación, pues sana la fuente de la enfermedad: la culpa en nuestra mente.
“Donde no hay culpabilidad no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpabilidad.” mientras exista culpa en nuestra mente, vamos a experimentar enfermedad. Si no se sana la culpa, la medicina del mundo seguirá tratando síntomas, que pueden generar mejorías temporales en el cuerpo pero no la sanación de la mente donde se origina la enfermedad del cuerpo.
“La Expiación no cura al enfermo, pues eso no es curación.” quiere decir que la Expiación no se ocupa del cuerpo, pues la causa de toda enfermedad es la culpa, la Expiación sana las causas, el cuerpo es solo un efecto, pero “sí elimina la culpabilidad que hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar.”

La curación procede de la santidad, la santidad es un amor impecable, por lo que no es posible hallarla allí donde alojemos la creencia en los pecados, primero debemos perdonar dichos pensamientos.
” Dios mora en templos santos.” la santidad reside en nuestras mentes, no en ningún edificio, si nuestra mente le da cabida al ego, a la culpa y al ataque, se obstruye la presencia de Dios y por lo tanto, a los pensamientos que curan.

“Ninguno de los remedios que el mundo suministra puede producir cambio alguno en nada.” esto no quiere decir que no vayamos al médico ni dejemos de tomar las medicinas que nos receten, quiere decir que temporalmente nuestra mente no ha logrado aún completar su proceso de auto curación, que todavía tenemos culpas por perdonar.
Pero ” La mente que lleva sus ilusiones ante la verdad cambia realmente.” esto es el perdón. “No hay otro cambio que éste.”
De lo que se trata es de cambiar de mentalidad en relación a la fuente de la enfermedad, reconocer que todas nuestras ilusiones son falsas y darle paso a la verdad, darle paso al amor. La curación es el resultado de este reconocimiento, de perdonar lo que no es verdad, para que el amor, la única verdad brille en nuestros corazones.
Así que el ejercicio de hoy es encontrar la fuente de la curación, “la cual se encuentra en nuestras mentes porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotros.” esa fuente de la curación es el Espíritu Santo en nuestras mentes, el amor que somos, que lo encontraremos cuando nos aquietamos y lo llamamos con devoción desde el fondo de nuestro corazón.

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones en el transcurso del día, preferiblemente una en la mañana y la otra en la noche. Respira lenta y profundamente y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo en tu consciencia las siguientes palabras:

“La salvación es lo único que cura.”
“Háblanos, Padre, para que nos podamos curar.”

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de la fuente de toda curación, la Voz que habla por Dios, quien nos liberará de toda culpa y sufrimiento, quien nos sanará de todo pensamiento falso, ante Él llevamos todas nuestras ilusiones para que la luz de la verdad las deshaga y el amor ocupe la totalidad de nuestra mente.

“Sencillamente permaneceremos en perfecta quietud a la escucha de la Voz de la curación, la cual curará todos los males como si de uno solo se tratase y restaurará la cordura del Hijo de Dios.”

“Ésta es la única Voz que puede curar. Hoy escucharemos una sola Voz, la cual nos habla de la verdad en la que toda ilusión acaba, y la paz retorna a la eterna y serena morada de Dios.”

Invocar y escuchar la Voz que habla por Dios, deben ser pensamientos sostenidos a lo largo del día y de la noche, acostándonos y despertándonos oyéndolo a Él. Un santo es aquel piensa en Dios durante todo el día, se acuesta pensando en El y se despierta oyendo su santa Voz. La mente Santa no permite que entre ninguna sombra de oscuridad, ni un solo pensamiento de culpa o dolor, pues ha recordado su verdadero origen, la Fuente de todo Amor y de toda curación.

“Nuestra única preparación consistirá en dejar a un lado los pensamientos que constituyen una interferencia, no por separado, sino todos de una vez. Pues todos son lo mismo.”

“Lo oímos ahora. Hoy venimos a Él. Sin nada en nuestras manos a lo que aferrarnos, y con el corazón exaltado y la mente atenta” es una oración, es una plegaria, es un soltar todos los apegos de este mundo y un entregarse a la Fuente de todo Amor.

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

Cada hora a lo largo del día, repetiremos las palabras del ejercicio, dedicaremos como mínimo un minuto cada hora, a oír la respuesta a nuestra plegaria, aguardando en quietud y silencio la Voz que cura toda enfermedad y toda ilusión, para ello nos diremos:

“La salvación es lo único que cura.”
“Háblanos, Padre, para que nos podamos curar.”

Cuando aprendemos a invocar y escuchar la Voz que habla por Dios, llevamos ante Él todos nuestros pensamientos falsos sobre la culpa, el miedo, el cuerpo, la enfermedad, para que sean sanados por la luz de la verdad, ese día es hoy, el día que a los pensamientos de separación le llega su fin, pues nos hemos unido a la Fuente de todo Amor y toda curación. Hoy es el día que hemos recordado quienes somos realmente, es el día en que la luz disipó toda oscuridad, el día en que la enfermedad desapareció junto a la culpa y el dolor, el día en que el Amor llegó y lo inundó todo con su dulce Voz, con su radiante luz, el día que la paz llegó a nuestras mentes para jamás volverse a ir, el día en que el tiempo se fue para darle paso a la eternidad, el día que descubrimos que el Amor nunca se fue, que siempre ha estado, y que lo que partió fue lo que nunca ha sido, la ilusión de que podía existir algo distinto al Amor. El día en que el Amor restableció su Reino en nuestras mentes, el día que nuestro corazón palpita solo de gozo y dicha.
Bendiciones

Oscar Gómez
💝🙏💝

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