LECCIÓN 125

LECCIÓN 125

“En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.”

En este mundo siempre escuchamos por defecto la voz del ego. Nuestro cuerpo y sus órganos de percepción están diseñados para ello. Nuestros ojos, oídos, tacto, olfato y gusto están diseñados para percibir un mundo externo, están diseñados para alimentar el cuerpo, atender sus necesidades, deseos, y para proteger el cuerpo. La mente que escucha al ego, procesa esa información para identificarse con el cuerpo, para darle realidad, y para justificar su existencia. La mente egoica tiene una necesidad compulsiva de hacer cosas con el cuerpo, y genera  una febril espiral de pensamientos, cuyo ruido mental pretende ocultar la parte real de nuestra mente, la que sigue unida con Dios y escucha la  Voz que habla por Él.

La lección de hoy busca enseñarnos a escuchar la palabra de Dios, para ello tenemos que acallar la estridente voz del ego.

Para escuchar la Voz de Dios se conjugan varios elementos que la hacen posible:
1. Elegir escuchar a Dios.
2. Aquietar el cuerpo y la mente
3. Disponerse a escuchar en silencio.
4. La Voluntad de Dios para nosotros.
5. Los efectos sanadores de la palabra de Dios cuando elegimos  escucharla.

1. El  primer elemento, elegir:

“Este mundo cambiará gracias a ti.”

“el Hijo de Dios es libre de salvarse a sí mismo, y se le ha dado la Palabra de Dios para que sea su Guía”

“No se le conduce a la fuerza, sino con amor. No es juzgado, sino santificado.”

“Tampoco nos juzgaremos a nosotros mismos hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado.”

El Curso es muy coherente respecto a nuestro libre albedrio. Nuestra salvación procede de nuestra decisión de abandonar al ego, renunciar a los juicios y elegir el Amor.

2. Segundo elemento, quietud:

“Deja que hoy sea un día de quietud y de sosegada escucha.”

“Hoy oiremos la Voz de Dios en la quietud, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra.”

“Sólo necesitas estar muy quieto. No necesitas ninguna otra regla que ésta para dejar que la práctica de hoy te eleve muy por encima del pensamiento del mundo y libere tu visión de lo que ven los ojos del cuerpo”

Solo la quietud nos pone en la condición de observar nuestros pensamientos y perdonar los que no sean amorosos. Solo la quietud nos permite contemplar el Amor y reconocernos en Él.

3. Tercer elemento, silencio:

“Hoy no prestaremos oídos al mundo, sino que aguardaremos silenciosamente la Palabra de Dios.”

“Él te habla hoy. Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente no se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados.”

“Aguarda Su Palabra en silencio. Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su Creador.”

“Escucha hoy a tu Ser en silencio, y deja que te diga que Dios nunca ha abandonado a Su Hijo y que tú nunca has abandonado a tu Ser.”

El silencio es como un océano profundo. Las olas de la superficie son como los  pensamientos del ego, siempre agitados y en permanente bullicio. La realidad del océano yace en sus profundidades. Desde las  profundidades del silencio emerge todo sonido, en esas profundidades podemos escuchar la Voz de Dios, escucharla nos genera una paz y una dicha infinita.

4. La voluntad de Dios:

“La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra.”

“Por eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora. Óyele hoy.”

“Él no ha esperado a que tú le devuelvas tu mente para darte Su Palabra.”

“Él no se ocultó de ti cuando tú te alejaste por un breve período.”

“Para Él, las ilusiones que abrigas de ti mismo no tienen ningún valor.”

“Él conoce a Su Hijo, y dispone que siga siendo parte de Él a pesar de sus sueños y a pesar de la locura que le hace pensar que su voluntad no es su voluntad.”

Sin la Voluntad de  Dios, de recordarnos que somos Su Hijo bien amado, la salvación no sería posible. Él nunca se ha olvidado de nosotros, nunca nos ha juzgado ni condenado. Su Voluntad para nosotros sigue siendo de perfecta paz y felicidad. Por eso le pidió al Espíritu Santo que nos ayudara, sin cuya guía sería muy difícil despertar de este sueño de separación, quedaríamos atrapados en el mundo de la  percepción, en el mundo del ego.

5. Los efectos sanadores de escuchar la Voz de Dios:

“No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída por todos los rincones del mundo, y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír para que pueda dar comienzo la serena hora de la paz.”

“Su Voz quiere darte Su santa Palabra para que disemines por todo el mundo las buenas nuevas de la salvación y de la santa hora de la paz.”

Cuando escúchanos la palabra de Dios, aceptamos nuestra función en este mundo de perdonar y amar, nos dejamos guiar por Su Voz que nos conduce de regreso a Casa, y disfrutamos de la paz y la dicha que creímos haber perdido.

¿Donde se encuentra la Voz de Dios?

“Él te habla desde un lugar que se encuentra más cerca de ti que tu propio corazón.”

“en el sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre en la santidad que creó y que nunca ha de abandonar.”

“Ésta se encuentra para siempre a su lado y en su mente, a fin de conducirlo con certeza a casa de Su Padre por su propia voluntad, la cual es eternamente tan libre como la de Dios.”

“Su Voz está más cerca de ti que tu propia mano. Su Amor es todo lo que eres y todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo qué El es.”

La Voz de Dios, se  encuentra en nuestra mente real, la que nunca se ha separado del Padre, es la  que escucha al Espíritu Santo recordándonos quienes somos.

PROPOSITO:

Aprender a escuchar la palabra de Dios, a través del silencio y la quietud.

PRÁCTICA LARGA:

Aquiétate durante 10 minutos, 3 veces durante el día. Entra en tu silencio interior, deja de escuchar al mundo “y elige en su lugar escuchar plácidamente la Palabra de Dios.”

“Es tu voz la que escuchas cuando Él te habla. Es tu Palabra la que Él pronuncia. Es la Palabra de la libertad y de la paz, de la unión de voluntades y propósitos; sin separación o división en la única Mente del Padre y del Hijo.”

“Sólo necesitas estar quieto y escuchar. Oirás la Palabra en la que la Voluntad de Dios el Hijo se une a la Voluntad de  su Padre en total armonía con ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente indivisible y verdadero.”

Sólo aquiétate y escucha en silencio, tu voluntad de unirse a la Voluntad del Padre es lo único que se nos pide, para que Su Voz responda a nuestro llamado de unirnos al Amor  que somos.

PRÁCTICAS CORTAS Y FRECUENTES:

“A medida que transcurra cada hora hoy, detente por un momento y recuérdate a ti mismo que tienes un propósito especial en este día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.”

Hoy estamos aprendiendo a aquietarnos y sumergirnos en las profundidades de nuestra mente, acallando  nuestro ego, y en la inmensidad de nuestro silencio escuchar la Voz del Amor, una serena Voz que nos acoge, que nos arrulla y nos embriaga con la dulzura de Su paz. Avancemos  hacia ese anhelado encuentro, con el paso seguro y alegre que sólo nuestra fe nos puede dar, el encuentro con Dios es tan inevitable como Su Amor.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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